Seis segundos y dos décimas. El Pazo dos Deportes estaba a punto de ebullición. Crepitando. 76-76. Saque de banda favorable al TAU Cerámica. Erdogan en la línea de medio campo. Recibe Prigioni. Ralentizado por la pegajosísima defensa de Brown, apenas avanza un puñado de metros. Se agota el tiempo. La sombra de la prórroga se otea otra vez en el firmamento. Balón al turco. Más de siete metros entre el escolta y su presa, el aro. Las yemas de sus dedos dan el último empujoncito al balón. Atruena la chicharra. ¿¿¿Triple!!! Burbujeante estallido de júbilo en el Baskonia. Nuevo mazazo en el último suspiro para el doliente Breogán. El grande gana. El pequeño llora y Erdogan que confirma su condición de hombre para los momentos estelares. El Baskonia tiene un 'matador'.
Otra vez tocó un angustioso epílogo. Es malísimo para el corazón, pero se agradece que siempre concluya de igual manera. Con el equipo vitoriano transformado en una piña. Brincando de satisfacción después de verse moribundo. Ya había ocurrido hace justo un par de semanas en Las Palmas. Esa vez, la tropa de Perasovic, pese a su imperfecto caminar, salvó la papeleta a tiempo. Ayer se repitió tan agobiante pauta.
Todo indica que podría repetirse en breve. Porque el inquilino del Buesa Arena ha perdido la chispa. Lo reconoció 'Peras' en la previa. Sus discípulos hace días que lo han manifestado en la cancha. Así que, hasta que el soberano copero se reencuentre con las sensaciones perdidas, se moverá bajo la presidencia del sufrimiento.
Ambiente enrarecido
Rugía el león de la 'Metro' por el altavoz en los prolegómenos del choque. Sólo que era una incógnita a quién dirigía el aviso. Si a los locales o a los visitantes. Y es que el Breogán vive en un estado de descomposición permanente. Con un consejo de administración descabezado; con una afición que no pasa una a los suyos, que la toma contra su entrenador a la mínima. Que anda de uñas, vamos.
El Baskonia no acertó a pescar en este río revuelto. Y mira que arrancó con buen pie. A los cuatro minutos ya manejaba un confortable 2-13, fruto de una aseada defensa y de su amplio abanico ofensivo. Enfrente, un remedo de conjunto. En la grada, una afición impaciente que empezó a hacer sonar la música de viento. Contra los celestes. Amago de 'harakiri'.
El discutido Moncho López gastó un tiempo muerto. Presentó como único aval a Mickeal -un as de las penetraciones-, exigió mayor compromiso atrás y cruzó dedos. La jugada funcionó. El choque se emponzoñó. Los resortes azulgranas desaparecieron uno a uno. Empezando por el celebrado 'bloqueo y continuación'. El parqué era un áspero pedregal. Había que utilizar el fórceps para sacar una mísera onza dorada.
El TAU se aguó. Desmembrado, inmerso en un carrusel de cambios, donó balones cual si fuera una 'ONG'. El bloque mutaba a mero conglomerado. Mientras, el plantel local encomendaba su suerte a Mickeal, el único licenciado en el arte de anotar entre los suyos. De anotar, rebotear y de ser de largo el mejor jugador de la jornada en valoración -54 puntos-, con permiso de los partidos de hoy. Tanto ímpetu permitió al Breogán reengancharse. Y reconciliarse con su gente. Seis contra cinco.
A rebufo y zona
Sucedió además que en el duelo de banquillos Perasovic anduvo a rebufo de su homólogo. Dispuso López cuatro pequeños y el Baskonia enseguida adoptó idéntica forma. Regresó a los dos pívots el Breogán y similar movimiento enfrente.
Al mismo tiempo, Mickeal generaba una jaqueca a todo aquel que se le pusiera por delante. Sobre el hecho de que el norteamericano es un portento cuando encara el aro no hay duda, pero es que sus atribulados defensores nunca recibieron la ayuda de algún compañero (49-44, minuto 27).
Olía a sorpresa. Y desagradable. Se rehízo entonces Perasovic. Tiró de una zona 2-3. A Mickeal se le acabó el chollo. El encefalograma baskonista dio muestras de recuperación. El choque se puso en un puño. Por fin balones interiores. Splitter se hizo omnipresente, el Pazo la tomó con los árbitros y el corazón movió cada gesto. Cuando ya se barruntaba la prórroga -después de que los azulgranas desperdiciaran una pequeña diferencia a favor-, Erdogan despegó majestuoso para rescatar al TAU. 5. Prigioni. Desconocido durante demasiado tiempo gracias a la estudiada defensa celeste. Recobró el pulso a tiempo al acertar en un par de acciones que contribuyeron a que el TAU llegara con opciones a la última posesión.
6. Hansen. En la óptima línea de pasadas actuaciones. El único exterior que acertó con regularidad. Como sus compañeros, pasó un calvario cuando le tocó emparejarse con el insaciable Mickeal.
23. Jacobsen. Empezó correcto con el omnipresente Mickeal, para acabar suspendiendo con rotundidad.
21. Splitter. Le costó entrar en calor. Cuando lo logró se erigió en el mejor defensor baskonista. Sostuvo a su equipo durante gran parte de la cita. Nueve faltas recibidas.
4. Scola. Flaqueó en defensa. Muy por debajo de sus posibilidades.
11. Erdogan. Empezó a entonarse tras el descanso. Autor de la canasta del triunfo. Cuando más tensión había, pidió el balón y acertó. Matador.
10. Ukic. Arrancó muy centrado para perderse en acciones personales.
9. Vidal. Anecdótico.
14. Drobnjak. Una canasta de pillo y dos rebotes.
18. David. Discreto.