Vuelve el 'Jarama' de Vitoria. Los frenazos, los derrapes y las pruebas clandestinas de velocidad regresaron el viernes al polígono industrial de Júndiz, donde decenas de jóvenes conductores parecen empeñados en demostrar un pretendido dominio del volante. Más de 2.000 personas acudieron como espectadores de la peligrosa velada, que recordó a las celebradas durante el último verano, cuando la Policía Municipal y la Ertzaintza tuvieron que establecer dispositivos especiales de vigilancia para abortar varias carreras ilegales. En esta ocasión, los bólidos apenas pudieron 'volar' durante una hora, el tiempo justo para desafiar a los agentes hasta que irrumpieron las sirenas y se produjo la estampida.
Los hechos confirmaron los constantes rumores que circulaban por la ciudad. Las carreras se han retomado en Júndiz. El buen tiempo hizo el resto. Esto es, alimentar la llegada de numerosos coches al recinto fabril.
A las diez y media de la noche cientos de jóvenes se agolpaban en la rotonda en la que se cruzan las calles Zurrupitieta y Júndiz. En ambas arterias ya era difícil encontrar aparcamiento y la glorieta era el escenario en el que varios vehículos de gran cilindrada realizaban derrapes imposibles que hacían chillar a los neumáticos. No eran los únicos que transitaban por la zona. Pero daba igual. A esa hora, camiones y coches de trabajadores del polígono circulaban por la intersección, lo que provocó varios frenazos.
'Trompos' en primera fila
«Ponte más atrás; si se va un coche nos mata», decía un chaval a su novia, empeñada en ver los 'trompos' pegada a la carretera.
Entre el público, una vez más, personas de todas las edades, aunque con dominio absoluto de jóvenes e, incluso, menores de edad que aplaudían cada maniobra. Muchos de ellos se aprovisionaron para la ocasión con litronas, latas o hamburguesas, como si presenciaran un espectáculo deportivo.
El momento álgido llegó cuando un flamante Mazda retó a un BMW y ambos se situaron a la par en la calle Júndiz. Tras unos segundos de expectación, que motivaron que decenas de personas corrieran para acercarse a ellos, ambos conductores pisaron a fondo el acelerador para demostrar el poderío de sus motores.
Minutos después, otro 'pique' similar volvía a provocar la euforia de los asistentes. En este caso fue un Subaru el que dejó claro que su cilindrada era superior a la de su competidor. «Ese cacharro lleva dinamita», gritaba un joven mientras grababa la escena con su móvil.
En ese momento, las once y cuarto de la noche, los móviles empezaron a sonar. Los jóvenes situados en las entradas del polígono daban el aviso y se corría la voz: «¿viene la poli!». La desbandada fue general.
Todo calculado
Los coches abandonaban a toda velocidad el recinto porque, según gritaban varios asistentes, «están cerrando las calles». Para cuando la Policía Local llegó a la zona, ya estaba desierta. Todo estaba calculado.
Comenzaba el juego 'del gato y el ratón'. El nuevo lugar de encuentro era el polígono de Los Llanos, en Nanclares. La marea de coches se dirigía a ese punto por la N-1, en donde les aguardaban patrullas de la Ertzaintza. Muchos jóvenes optaron por retornar a Júndiz, pero la Policía autónoma también estaba allí. La noche de velocidad tocaba a su fin sin que ningún 'fitipaldi' perdiera el control de su bólido. Por pura suerte.