Las aguas del golfo de San Lorenzo, donde ayer se inició la caza de 325.000 focas, son distintas este año, con mucho menos hielo y menos de estos mamíferos, producto del invierno más cálido de la historia del país.
Las organizaciones de protección animal han advertido a las autoridades canadienses que el aumento de las temperaturas del planeta puede tener consecuencias catastróficas para las focas arpa que suponen la mayoría de los animales que serán sacrificados en los próximos días.
Las focas hembra alumbran sus cachorros en la costra helada que habitualmente debería cubrir amplias zonas del golfo de San Lorenzo a finales de febrero y principios de marzo. Durante las primeras semanas, los cachorros son incapaces de nadar por lo que si caen al agua, su muerte es casi segura.Organizaciones como la Sociedad Protectora de Animales de Estados Unidos (HSUS) y el Fondo Internacional de Bienestar Animal (IFAW) temen que el aumento de la mortalidad natural, sumado a la caza de 325.000 animales, en su mayoría cachorros nacidos este mismo año, suponga un grave descenso de la población en el futuro.
«Tonterías», afirma Jim Winter, un antiguo cazador y periodista, para quien no hay forma de que la actividad de los pescadores pueda tener un impacto sobre el número de focas en la costa atlántica canadiense. Por su parte, Phil Jenkins, portavoz del ministerio de Pesca, señala que las condiciones de este año no han impedido que haya «dos saludables manadas» de focas, una en el estrecho de Cabot y otra en el estrecho de Belle Isle, al norte de Terranova. Jenkins se resiste a relacionar las malas condiciones del hielo en el golfo de San Lorenzo con el cambio climático al afirmar que se han registrado otros años en los que la costra helada ha sido especialmente delgada.
No es la opinión de Jean Claude LaPierre, un cazador de focas de las islas Magdalena, que achaca el mal hielo de este año «al calentamiento del planeta».
Durante días, los helicópteros y aviones de la HSUS han sobrevolado las aguas en las que tradicionalmente se encontraban las focas arpa pero la búsqueda ha sido decepcionante. La debilidad del hielo unida a las tormentas invernales han roto los témpanos en pequeñas planchas y la enorme acumulación de miles de focas que había el año pasado a pocos kilómetros de las islas Magdalena se ha transformado este año en algunas parejas aisladas, compuestas por una madre y su cachorro.
De todas formas, Jenkins insiste en que esta situación había sido ya observada por los científicos. «No tiene que cundir el pánico», avisa, aunque admite que «si las condiciones cambian también tendremos que hacer cambios».
«No tenemos ninguna fe»
Jenkins añade que por esta razón Canadá sólo ha establecido la cuota de caza para este año cuando entre el 2002 y el 2004, el ministerio de Pesca decretó una cifra trianual de sacrificios que significó la muerte de alrededor de un millón de animales. Según sus estimaciones, el número de focas ha pasado de 2,6 millones en los 80 a casi 6 millones en la actualidad.
«No tan deprisa», señala Rebbeca Aldworth, directora de la campaña contra la caza de focas de HSUS. «No tenemos ninguna fe en los datos científicos del ministerio de Pesca. Cada cifra que han manejado sobre distintas especies marinas ha estado equivocada una y otra vez», afirma.