La presión fiscal directa sobre el trabajo en España ha crecido en los últimos cinco años en torno a cinco décimas -del 38,6% al 39% para un soltero son hijos con salario medio-, aunque aún se mantiene por debajo de la media de la UE-15. Esta evolución se ha producido mientras en prácticamente todos los estados europeos se han aplicado a la tarea de recortar esta carga. Sin embargo, los resultados están aún lejos de los países que forman parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
Un informe hecho público ayer por esta organización ('Taxing Wages 2004-2005') revela que en Europa, y a pesar de los esfuerzos realizados por las administraciones públicas para recortar la voracidad fiscal, se dan situaciones que merecerían la calificación de confiscatorias si primara la interpretación que al concepto ha dado la Corte Constitucional alemana, sita en Karlsruhe: cuando el Estado recauda más de la mitad de los ingresos que alguien percibe.
Bélgica, el extremo
La OCDE describe las situaciones fiscales de los individuos en función de lo que denomina la «cuña fiscal»: la diferencia que hay entre lo que el puesto de trabajo le cuesta a un patrón y el salario neto que el trabajador se lleva a su casa, una vez devengados sus impuestos correspondientes y tras contabilizar los posibles beneficios en metálico de su sistema asistencial.
Se constata, de esta manera, que a un soltero, en Bélgica -caso extremo de la UE- le queda sólo el 44, 6% de lo que su empleador paga por él y después de haber hecho frente a sus propias obligaciones fiscales.
Alemania, Hungría y Francia recaudan por encima de la mitad del coste bruto del trabajador, mientras que en España el Estado se queda con el 39%.
La media de los países de la OCDE para esta categoría personal -asalariado con ingresos medios, soltero- es del 37,3%, y del 42,1% en la UE-15.
Casado y con hijos
Si el trabajador está casado, con dos hijos, y su mujer contribuye a los ingresos familiares con un salario que sitúa el conjunto un 33% por encima de la media, el Estado se lleva en España el 35,4% de su costo laboral conjunto bruto, cuando en Suecia, Polonia y Turquía la dentellada fiscal supera el 42%, ronda el 41% en Alemania y rebasa el 40% en Bélgica y Francia.
Existe una tendencia persistente a la baja de la tributación por el trabajo en Europa, que constata excepciones. Una de ellas es la de España, donde la fiscalidad ha crecido apreciablemente durante los últimos cinco años . Al trabajador soltero con ingresos medios del primer caso le quedaba en 2000 un 61,4% de lo que pagaba su patrón. En 2005 había perdido cuatro décimas. En la UE, por el contrario, subió del 56,7% al 57,9%.
Tampoco sale bien parado el caso de la pareja española con dos hijos y dos empleos, aunque uno de ellos sólo represente una tercera parte de la media: en 2000 le quedaba el 65,1% del coste de sus respectivos puestos de trabajo, y en 2005 el 64,6%, cinco décimas menos.
Francia es otro país en el que se constata una tendencia objetiva al incremento de la presión fiscal.
El informe de la OCDE es de los pocos que abordan con claridad la situación fiscal objetiva de las personas. Por eso suele ser motivote escándalo.