El abogado de Bilbao Luis Samuel Damborenea ingresó ayer en prisión por orden de la Audiencia Nacional al considerar que existen «indicios racionales y suficientes» para acusarle de ser «cooperador necesario» en el atentado de ETA contra dos ertzainas registrado en septiembre de 2003 en el puerto de Herrera, en la Rioja Alavesa. La segunda persona arrestada en la misma operación de la Ertzaintza, Dani Y., quedó en libertad con la obligación de presentarse cada quince días en un juzgado. El letrado, que acababa de abrir un despacho en Bilbao, se convierte así en el primer arrestado por supuesta relación con la banda armada que entra en prisión una vez declarado el alto del fuego permanente de la semana pasada.
La operación de la Ertzaintza permite esclarecer alguno de los puntos que aún quedan oscuros en el atentado con el que ETA pretendió asesinar a dos agentes de la Ertzaintza. En este sentido, una de las incógnitas que rodean al caso es quién ayudó a huir a los dos etarras que participaron en la acción, después de que abandonaran, ya malherido, al etarra Arkaitz Otazua. Este activista 'legal' -no fichado- falleció en el monte, a apenas cuarenta metros del lugar donde el comando de la banda había tendido una emboscada a una patrulla de la Policía vasca.
Según recoge en su auto de prisión el juez de la Audiencia Nacional Fernando Andréu, el atentado se preparó en un piso de la localidad riojana de Entrena, propiedad de los padres de Arkaitz Otazua. En ese lugar se localizaron dos croquis dibujados a mano del lugar de la emboscada, así como quince vainas metálicas percutidas, seis cartuchos, colillas de cigarrillo, vasos y una toalla. En el análisis de ADN se han encontrado rastos de Damborenea y del etarra Otazua en la toalla y en un cigarro. Además, la huella dactilar de Damborenea apareció en la botella de agua.
El 14 de septiembre, los miembros del 'comando Ezkaurre' -en el que han sido identificados Otazua, Josune Oña yAsier Mardones - se dirigieron al Balcón de la Rioja y allí robaron el coche a punta de pistola a dos excursionistas. Los terroristas, que llevaban el rostro cubierto, se identificaron como etarras y ataron a los rehenes a un árbol tras sustraerles el vehículo. El desplazamiento lo realizaron en un 'Ford Mondeo' gris propiedad de la madre de Otazua. En este coche, que apareció días más tarde aparcado en el pueblo riojano de Torremontalvo, se localizaron cigarrillos con restos de ADN de Damborenea.
Colisión con un animal
Los etarras utilizaron el automóvil robado para cruzarlo en la carretera. Posteriormente, llamaron a la Ertzaintza y dijeron que habían sufrido un accidente al atropellar a un animal. Dos agentes de la comisaría de Laguardia se dirigieron entonces a la zona en un coche patrulla para prestarles ayuda. Al llegar a la altura del automóvil cruzado, los etarras abrieron fuego con pistolas y con escopetas de caza e hirieron de gravedad a los policías vascos. Según la reconstrucción realizada por Interior, se acercaron para rematarlos y entonces uno de los agentes consiguió reaccionar y responder con su arma reglamentaria.
En el intercambio de disparos, Otazua recibió un tiro que le entró por el glúteo y le salió por la ingle. Sus compañeros le abandonaron en el monte, donde murió desangrado. Tanto Oña como Mardones se dieron a la fuga y consiguieron llegar a Francia. Un año más tarde fueron detenidos en el Puerto de Urkiola, donde se habían escondido mientras buscaban colaboradores para reconstruir el 'comando Vizcaya'.