 INAUGURACIÓN. La infanta Cristina, acompañada por la consellera de Sanidad, Marina Geli. / EFE |
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| LOS DATOS |
Entre 120.000 y 140.000 personas viven en España con el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH).
Se calcula que más de 30.000 ignoran su condición de portadores y no se benefician de la terapia de alta eficacia existente desde 1997.
Actualmente, 1.500 personas mueren cada año de sida en España, lo que representa el 25% de los que fallecieron en los años 1995 y 1996.
Unas 3.000 personas contrajeron el virus del sida en 2005 o, lo que es lo mismo, unas diez al día. La mitad de ellas, a causa de relaciones heterosexuales no protegidas, un 25% por relaciones homosexuales y sólo un 17% por compartir jeringuillas infectadas.
La incidencia del sida desciende en España a un ritmo del 10% frente a lo que ocurre en Europa y pese a las alertas desatadas. Aún así, España figura entre los países de Europa Occidental más castigados.
En el mundo, viven con el virus casi 40 millones. La lista crece cada año con otros 3,2 millones de infectados, a los que deben restarse los 2,4 millones de adultos y niños que mueren a causa de esta enfermedad y los problemas que acarrea. |
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La sociedad ha bajado la guardia y un rebrote del sida por vía sexual se extiende por Europa, lo que amenaza con echar por tierra los avances logrados en la última década en la lucha contra el virus. En España, los epidemiólogos sólo han detectado, de momento, pequeños síntomas de lo que puede convertirse en un problema grave; pero lo ocurrido en otros países de la UE, como Alemania, Francia y Reino Unido, ha hecho saltar las alarmas de los servicios sanitarios.
El control de las enfermedades de transmisión sexual -no sólo del VIH, sino de todas- se presenta como un nuevo reto para contener el avance del sida en el mundo occidental, según se puso ayer de manifiesto en la apertura del congreso nacional sobre el sida, que se celebra en Barcelona. «En el campo de la prevención, probablemente, ya nunca obtendremos resultados tan buenos como los de la última década», se lamentó Daniel Zulaika, presidente de la sociedad organizadora Seisida.
El ambiente que se respiraba ayer en el encuentro de Barcelona se acercaba más al de una conferencia mundial que al de un congreso nacional. La ceremonia de apertura estuvo presidida por la duquesa de Palma, la infanta Cristina de Borbón, y contó además con la presencia de destacados representantes de la agencia de Naciones Unidas para el VIH/sida, ONUSIDA. Entre ellos, los especialistas Deborah Lindsey y Luiz Loures.
Un «efecto inesperado»
El lema elegido para la convocatoria, 'Sida: una epidemia, dos mundos' también evoca los mensajes difundidos en las grandes conferencias de los últimos años: la enfermedad es sólo una, pero es muy distinto vivirla en el primer mundo que padecerla en los países subdesarrollados, tal como recordó el presidente del congreso, David Dalmau. Los 900 delegados, más que el doble de los que se reunieron en Madrid en noviembre de 2004, dan una idea de la expectación que ha despertado este encuentro entre los pacientes, sus médicos, la ciencia y la industria farmacéutica.
En la jornada inaugural, los organizadores quisieron llamar la atención no sólo en los aspectos positivos que trajo la terapia de alta eficacia hace diez años, que devolvió la vida y la esperanza a los afectados del mundo desarrollado, sino también en lo que calificaron como «un efecto totalmente inesperado». Según detalló la secretaria del Plan Nacional, Lourdes Chamorro, la expansión del mito de que el sida puede curarse, de que si uno enferma dispone de medicamentos para ser tratado, ha llevado a la sociedad a confiarse y a bajar la guardia frente al virus. Los expertos admiten que no es fácil mantenerse constantemente en alerta, más aún cuando se trata de relaciones sexuales, pero frente al VIH no queda otro remedio.
Muchas consultas de enfermedades de transmisión sexual han visto duplicarse los casos de sífilis y gonococia en los últimos lustro; también las interrupciones de embarazo se han multiplicado por dos entre los adolescentes en diez años; y el consumo de la píldora del día después, a menudo en sustitución del preservativo, se ha disparado. El riesgo crece.
Curiosamente, frente a lo que se creía, no son los adolescentes quienes más riesgos corren. El 80% de los más jóvenes dice que practica el sexo con condón. La mayoría de las nuevas infecciones se diagnostica entre hombres de 39 años y mujeres de 37, personas que conocieron muy de cerca los efectos más terribles de la enfermedad. Gays y mujeres pueblan las estadísticas. El creciente peso de la población femenina en la lísta de las víctimas del virus ha llevado a Deborah Lindsey a reunirse en los últimos días con la ministra de Sanidad, Elena Salgado y arrancarle un compromiso. España liderará, con otros países, la batalla mundial para proteger a las mujeres frente al virus.