La organización del congreso nacional de sida que se celebra en Barcelona ha elegido la sala de consumo higiénico de heroína de Bilbao como ejemplo de terapia válida para el tratamiento de los toxicómanos que van a seguir siéndolo. El centro que gestiona Médicos del Mundo en la capital vizcaína ha atendido desde su apertura en 2003 a más de 1.100 drogodependientes, que han utilizado las instalaciones en 25.848 ocasiones, según detalló la directora de Drogodependencias del Gobierno vasco, Belén Bilbao.
La sala controla periódicamente la pureza de las sustancias que se consumen, aunque hoy por hoy su misión fundamental consiste en garantizar unas condiciones mínimas de higiene entre los usuarios de drogas inyectables. La vigilancia que se ejerce desde el local permite evitar casos de sobredosis y contribuye a prevenir la transmisión de enfermedades infecciosas como el VIH y la hepatitis, mediante el control de los materiales de inyección.
La comunidad de Madrid abrió en 2000 el primer dispositivo asistencial de venopunción en el poblado de Las Barranquillas, que está considerado como todo un hipermercado de la droga. El centro de la bilbaína calle de Bailén, abierto tres años después, ha ido más allá al incorporar nuevos servicios como una sala de fumado.
A pesar de las protestas vecinales iniciales, la 'narcosala' de la capital vizcaína, como se la conoce popularmente, ha resultado bien acogida entre la población. El local está situado en el centro de la ciudad y apenas ha registrado medio centenar de incidencias sanitarias, «ninguna de ellas grave».
Con este proyecto, el Gobierno vasco pretendía emular la experiencia desarrollada en Ginebra, donde también se facilita la droga a los toxicómanos. El Ejecutivo central paralizó, sin embargo, la segunda parte del proyecto. «La diacetilmorfina no es una droga, sino un medicamento», indicó ayer Belén Bilbao.