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Viernes, 31 de marzo de 2006
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Casi todos a la cárcel
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Como en el título de la película de Berlanga. Pronto habrá que poner en las prisiones ese letrero que anuncia que el lleno será 'hasta completar el aforo'. Realmente el golpe a la corrupción en Marbella, con ser espectacular, no es comparable con los golpes urbanísticos que han venido dando los sucesivos sinvergüenzas disfrazados de dignas y eventuales autoridades. Su propósito era no dar golpe en el resto de sus días y es de suponer, aunque sea más difícil de demostrar, que muchos lo han conseguido.

De todas maneras, el título que debiera haber puesto a estas palabras, sería como el de un serial: 'Por el honor de su nombre'. Lo que quiero es defender a Marbella. A la buena gente de Marbella, la muy hermosa y saqueada Marbella. ¿Se ha reparado en la circunstancia de que entre los 21 detenidos en la gran redada no hay ninguno que haya nacido allí? Sólo uno nació en un pueblo malagueño. Todos los demás son golfos de importación.

Vinieron atraídos por el ladrillo, como algunos eruditos, pero por distintas razones.

Se creó una brusca aristocracia del cemento, avalada por los excedentes faciales. Todo el mundo sabía que esto tenía que explotar, aunque ignorase hasta dónde llegarían los escombros. Malversación, cohecho, tráfico de influencias, blanqueo de dinero... La herencia de Jesús Gil, también conocido como 'Moby Gil', se ha desparramado, pero calcularon mal lo que Cocteau, que también anduvo por estas tierras y descubrió que las jábegas tienen ojos de egipcio muerto, llamaba «el tacto de la audacia». Consiste en saber hasta dónde puede uno ir demasiado lejos. Se pasaron estos gangsters amateurs. Ahora están en la cárcel. Demasiado cerca. Marbella, aparte de otros privilegios, tiene el de estar habitada por muchas personas decentes. No confundamos a sus pobladores con los saqueadores.



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