El comunicado del alto el fuego de ETA, permanente mientras permanezca, ha causado sin duda alegría y esperanza, pero a medida que pasan los días y se analizan los dos comunicados, la desilusión y el escepticismo se acrecientan. Crece la desilusión y el escepticismo porque es muy difícil dar crédito a encapuchados. Los comunicados, ¿no son un cúmulo de hipocresías? ETA no habla de su disolución. A 'esos tres', que no sabemos (¿o sí?) quienes son pero que representan a quienes han asesinado, secuestrado, extorsionados, atemorizado, chantajeado y coaccionado durante cuarenta años, ¿se les puede creer ahora cuando hablan de democracia? ¿No prometieron también hace ocho años que no volverían a matar? Cuando estos demócratas disfrazados, con el anagrama del hacha y la serpiente a las espaldas, dicen que quieren «impulsar un proceso democrático» poniendo condiciones, ¿se les puede dar crédito? ¿No constituye una contradicción y hasta una afrenta que estos señores, ocultando sus manos con la blusa, hablen de «construir una paz basada en la justicia»? ¿Cómo pueden ahora, con el rostro escondido, pedir a todos los vascos «que actúen con responsabilidad»? Causa estupor leer cómo es posible que ETA ose hablar de «construir una paz basada en la justicia», pero en el País Vasco se ve que todo es posible.
De todas maneras, tantos engaños, tanto tergiversar la verdad y la realidad, tanto sufrimiento y tantas ansias de paz, pueden llevar al engaño. La esperanza nunca se pierde, pero debe de quedar claro que nada se debe de pagar para que no sigan asesinando y extorsionando. Si los del antifaz y la boina quieren realmente «un proceso democrático» como dicen que comiencen por entregar las armas, por reconocer sus errores y por pedir a la sociedad que les acoja otra vez.