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Viernes, 31 de marzo de 2006
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Poco calor para los neumáticos
Preocupación en Ferrari, Williams y Toyota porque las bajas temperaturas en Australia debilitan su elección de gomas blandas
Poco calor para los neumáticos
Un mecánico observa una rueda del Ferrari de Schumacher. / EFE
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Melbourne es territorio Bridgestone. Así lo dicta la opinión de los sabios, el análisis de los pilotos y, sobre todo, la estadística, que hablando de Fórmula 1 se traduce en mano de santo. Bridgestone es Ferrari, y Ferrari es Michael Schumacher. Una concatenación

que emitiría un pronóstico a favor del cavallino, si no fuera porque un elemento perturbador -el que más influye en cualquier orden de la vida- ha llegado hasta las antípodas. El mal tiempo.

Las tripas de una rueda de un fórmula 1 han adquirido un nivel de sofisticación tecnológica al nivel de un motor o un chasis. Los

distribuidores -Bridgestone y Michelín- afinan para cada gran premio desmenuzando cada partícula del fin de semana. El elemento original es el caucho y su interior contiene fibra de carbono, kevlar, nylon, algodón, acero... Ya sea para piso seco o mojado (la reglamentación obliga a que al menos el 75 por ciento sea caucho y el otro 25, en ranuras que expelen el agua), el único objetivo de los fabricantes consiste en entregar a los equipos un neumático con la mayor adherencia al asfalto.

Las mezclas inteligentes, los experimentos químicos, el trajín en fábricas y laboratorios tiene este año un sentido diferente al de 2005: fabricar neumáticos rápidos para que aguanten entre 100 y 150 kilómetros. El año pasado se trataba de construir gomas resistentes, que soportaran el tirón de más de 300 kilómetros sin pestañear.

Y, por conocimiento del terreno, capacidad de adaptación al tipo de circuito, Bridgestone ha acumulado éxitos en las últimas temporadas en Australia. Salvo el año pasado, con la victoria de Fisichella, Ferrari se ha paseado por Albert Park. Tanto es así que Bridgestone tiene medio monopolizada la publicidad de los tranvías de la ciudad con un eslogan llamativo: 'Ferrari corre sobre nosotros'. Michael Schumacher enseña una

inigualable hoja de servicios en territorio australiano. Primero en Adelaida (de 1985 a 1996) y más tarde en Melbourne (desde 1996), el germano ha ganado cuatro veces, ha conseguido tres 'poles' y ha dado cinco vueltas rápidas.

«Ferrari siempre ha sido más fuerte que los demás en Melbourne», comentó ayer Fernando Alonso. «Y si funcionan aquí, también lo harán en otros circuitos que le van muy bien, como Ímola, Indianápolis o Suzuka», añadió.

Irán bien o no. Porque Ferrari, como Williams, Toyota y Midland, se ha encontrado con un problema irresoluble, un contratiempo que ni las mentes pensantes de sus ingenieros pueden solventar. Templa en Melbourne, sin llegar al frío, pero sin el presagio optimista del verano austral que anunciaba temperaturas por encima de los 30 grados. Sin llegar al sofoco de Bahrein o Malasia, Melbourne estaba considerado un gran premio de calor. Y el termómetro no sube estos días de los 20 grados.

Y, claro, Australia está demasiado lejos como para andar cambiando ruedas a salto de mata. Concretamente, a veintiocho horas de avión con escalas en Londres y Singapur. Pero que puede estirarse a las cuarenta horas si, como es el caso, hubo gente que tuvo que echar el día en el aeropuerto de Hong Kong. Fernando Alonso tardó once horas en saltar de Tokio, donde cumplía compromisos publicitarios, a la hermosa ciudad de Melbourne.

Quince días antes

Por esa lejanía, las escuderías se ven obligadas a elegir neumáticos y material para Australia con dos semanas de anticipación. Cuando se estaba disputando la carrera de Malasia, aviones y barcos transportaban productos de F 1 hasta Oceanía. Entonces hacía calor. Ahora no. Y Bridgestone escogió ruedas que se pueden quedar blandas para el domingo. Eso se temía ayer Ross Brawm, director deportivo de Ferrari. «Nos imagino con problemas». Lo mismo Hisao Suganuma, responsable de Bridgestone: «Espero que la climatología no altere el rendimiento». Y también John Howett, presidente de Toyota: «Estoy preocupado por las temperaturas».



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