Iñigo de Oriol se despidió ayer de los accionistas de Iberdrola, en la que fue su última junta general como presidente, con una llamada a «la unidad» en torno a su sucesor, Ignacio Sánchez-Galán, actual vicepresidente y consejero delegado de la eléctrica vasca. «Es el hombre que, a mi juicio y al del consejo de administración, puede asegurar, en las mejores condiciones posibles, el futuro de Iberdrola en un momento especialmente exigente y con muchas variables en juego», proclamó. El relevo será oficial en el consejo que se celebrará el 26 de abril.
La situación difícil a la que se refería está relacionada con la actual guerra de 'opas' sobre Endesa y el acuerdo por el que Iberdrola comprará activos a Gas Natural si esta compañía triunfa en la puja. Oriol hizo un breve comentario sobre esta polémica operación para alinearse con los argumentos manejados por el Gobierno español para justificar su oposición a la oferta de E.on. «Sólo quisiera llamar la atención sobre la situación asimétrica de los distintos países europeos por sus diferentes grados de apertura», explicó.
Pero no era el día de dar vueltas a este asunto, sino de hacer balance de la larga trayectoria de Oriol al frente de Iberdrola, a la que, según dijo, se ha «dedicado en cuerpo y alma». Al echar una mirada hacia atrás, sus primeras palabras fueron para José María Ryan y Ángel Pascual, los ingenieros destinados en la central de Lemóniz asesinados por ETA a principios de los 80. «Su sacrificio y su ejemplo han seguido vivos entre nosotros, y nos recuerdan la necesidad de acabar con la lacra del terrorismo y ganar una paz que ahora parece vislumbrarse», apuntó.
A partir de ahí, Oriol hizo un resumen del nacimiento de Iberdrola y su evolución hasta hoy, con los correspondientes agradecimientos a las personas que han contribuido al proceso. Empezó por recordar la figura de su padre, José María, fundador de la patronal Unesa y presidente de Hidroeléctrica Española cuando él entró a trabajar en la compañía con 24 años. Siguió con la fusión, en 1991, de esta empresa con Iberduero, liderada por Manuel Gómez de Pablos, al que alabó el papel desempeñado en esta operación, que alumbró a Iberdrola. En relación a esta etapa, quiso resaltar la labor de Celedonio Isusi, José Luis Antoñanzas, Ignacio Pinedo y los vicepresidentes José Antonio Garrido y Javier Herrero. No se olvidó de su secretaria María Luisa, «que me ha aguantado muchas cosas en 40 años», y de otros colaboradores.
«Deber cumplido»
Oriol dijo marcharse con «la íntima sensación del deber cumplido» y con la tranquilidad de haber elegido al que considera «el mejor candidato posible» para tomar el relevo. Sánchez Galán agradeció su apoyo en los cinco años que llevan trabajando «codo con codo en estrechísima complementariedad». Después pasó a presentar las cuentas de 2005, con el beneficio y el dividendo más altos de la historia de la compañía.
De la intervención de Galán cabe destacar su petición de un nuevo marco regulatorio al Gobierno, tras recordar el desfase entre las tarifas y los costes reales, que es superior al 50%.
Oriol tuvo una junta de despedida muy tranquila, en la que los cinco accionistas que tomaron la palabra lo hicieron para felicitar su gestión. Entre ellos, un delegado sindical de UGT, que alabó la gran metamorfosis de la empresa desde la llegada de Galán. Un histórico de estos actos, José Luis Elejoste, le dijo al presidente de Iberdrola que se jubilaba con él y que ya no volvería a intervenir en la junta.