En 1962, Fomento de Turismo planea preparar la cavidad y publica un proyecto de acondicionamiento. Más de medio siglo después del primer intento vano, cuando el ocio se ha convertido en una fuente de ingresos para muchas comarcas alavesas, es nuevamente el municipio de las estribaciones del Gorbea el que toma la iniciativa y lanza un concurso de ideas para explotar turísticamente la gran cavidad. El viernes salió publicado en el boletín de la provincia. El camino será largo y tortuoso, ya que está dentro del parque natural del Gorbea y los accesos tienen dificultades. Sólo se puede acceder por senderos montañeros. Abrir una carretera en medio de un fabuloso hayedo tiene que superar informes de impacto ambiental.
Pero hasta el momento ni espeleólogos, ni arqueólogos, ni la propia Diputación que tiene competencias en la gestión se han mostrado en contra del proyecto. Todos están a la espera de cómo se hace la adecuación a las visitas.Y es que todos los expertos que conocen este laberinto de galerías kársticas coinciden en destacar su indudable atractivo como monumento natural, fruto de la interacción del agua, la roca caliza y el tiempo en las profundidades de la tierra.
¿Pero por qué fascina este mundo subterráneo, formado gota a gota desde el principio de los tiempos que hace exclamar adjetivos de admiración cuando una linterna o una lámpara de carburo recorre despacio la humedad de las formidables formaciones de roca? Las respuestas son múltiples. Para empezar Mairuelegorreta es el resultado de una reacción química. El agua de la lluvia en combinación con el dióxido de carbono del aire origina el ácido carbónico que disuelve la roca. El carbonato cálcico se transforma en bicarbonato, una sal soluble que el agua transporta con facilidad. La belleza que eso produce al pasar de los años es caprichosa. ¿Lo que vemos? Un intrincado laberinto de más de 12.000 metros galerías subterráneas en las entrañas de la montaña lleno de fisuras, grietas, simas, chimeneas verticales, bóvedas, lagos, ríos, cascadas. Cuando las formaciones calcáreas crecen a favor de la gravedad se denominan estalactitas. Si lo hacen a la contra son estalagmitas.
«Aquí hemos aprendido»
Hasta aquí lo mineral, la propia historia de la tierra. Pero 'Mairu', la vieja cueva, también produce emociones. «Es que aquí hemos aprendido a andar. Esta es la cuna de la espeleología científica, la que ahora nos permite descubrir la última frontera», cuenta Javier Maeztu, de 40 años, doctor en Geografía y presidente del Grupo Espeleológico Alavés (GEA), que desde hace 44 años es la vanguardia de esta afición, que tiene mucho de ciencia. Luego ha habido otras cavidades más importantes en su historia, «y hasta más hermosas, pero 'Mairu' tiene un encanto especial», agrega.
Roberto Elburgo lleva desde los 17 años entrando y saliendo de cientos de cueva y ya suma 43 años. «Posiblemente he recorrido 'Mairu' más de 200 veces. Me gusta pasear por su interior, aunque se ha convertido en el mayor ejemplo de la degradación del medio subterráneo con sus pintadas y sus basuras», señala este informático, que además de la majestuosidad de algunas salas como Peña Grande con 80 metros de largo por 40 de ancho y 30 de alto, -«una verdadera catedral de piedra», dice- se queda con las excéntricas, extrañas estalactitas con forma de coral que no siguen la ley de la gravedad y que tienen su propia sala especial denominada 'Museo del Prado'.
Y es que desde que en 1900 Isidoro Fernández y Carlos Peyres, los verdaderos pioneros de la exploración de Mairuelegorreta, pusieran los primeros nombres de calles vitorianas al dédalo que forma la cavidad, el callejero no ha hecho más que crecer. Luis Heintz, el padre marianista que escribió una tesis doctoral, dibujó el primero de los planos. Barandiarán, Medrano y Eguren también realizaron varias exploraciones desde el punto de vista arqueológico.
Arqueología
«Cualquier remoción de tierra en una cueva como 'Mairu' requiere de una cata arqueológica. Estamos en una zona muy importante donde sabemos que ha habido distintas habitaciones, animales prehistóricos como el glotón e incluso vestigios de Neanderthal. Lo arqueológico debe ser un complemento fundamental en cualquier proyecto turístico», señala Amelia Baldeón, directora del Museo de Arqueología de Álava y miembro del jurado que debe evaluar los proyectos.
Baldeón cree que expertos como los miembros del GEA -autores del último plano de la cueva, aún sin terminar- deben estar presentes en el proceso de adecuación para ser visitada.
Para el arqueólogo y espeleólogo Armando Llanos, que ya en 1962 apoyó un plan para visitas turísticas, «también se trata de regular algo que ya ocurre. Cada vez va más gente, se organizan festivales desde los años setenta. Es el momento de aprovechar el potencial. El Soplao es un ejemplo de que este tipo de visitas está en auge», agrega, convencido de que la vieja 'Mairu' podrá mostrarse, por fin, en todo su esplendor.
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