La multitudinaria manifestación que recorrió ayer las calles de Bilbao, en una tarde primaveral que favoreció el ambiente festivo, evidenció la capacidad de convocatoria de los integrantes del Foro de Debate Nacional pero constituyó, sobre todo, la primera exhibición de fuerza y poderío de la izquierda abertzale tras el alto el fuego decretado por ETA. La masiva asistencia y los lemas coreados por la marea humana, centrados casi exclusivamente en la exigencia del acercamiento y la amnistía para los presos de la organización terrorista, hicieron recordar en algunos pasajes la movilización protagonizada por los firmantes del Pacto de Lizarra en favor de los derechos de los reclusos, durante el período de tregua decretada por la cúpula etarra en 1998. De aquella estampa de acumulación de intereses nacionalistas se cayó ayer el PNV, la única formación de renombre del universo abertzale que no participa en el Foro.
Todas las demás, incluidos los socios de los peneuvistas en el Gobierno vasco -Eusko Alkartasuna-, compusieron una fotografía de cooperación en una convocatoria muy cuidada, con un comunicado final libre de estridencias y sin que se concediera preeminencia a ninguno de los promotores; ondearon, de hecho, más banderas independentistas catalanas que de costumbre, alentadas por la presencia en la capital vizcaína del partido hermano de EA, Esquerra Republicana. Esa pluralidad de «agentes» de la que se congratula el Foro no ocultó, sin embargo, un hecho palpable: que el motor de la movilización era la izquierda abertzale organizada en torno a Batasuna, que confirmó su capacidad de arrastre ciudadano en tiempos de paz.
El cese de la violencia de ETA, sustentado en un diálogo secreto con el entorno del Gobierno socialista del que ha quedado fuera el nacionalismo institucional tras el fiasco de Lizarra, y su posible asentamiento reajustarán el mapa del abertzalismo vasco, que medirá sus fuerzas en las urnas en las elecciones municipales de mayo de 2007. Resta más de un año y un trabajo arduo para afianzar la paz, pero parece aventurarse ya -y la manifestación de ayer da aire a ese pronóstico- un duro cara a cara entre el PNV y la izquierda radical, con las nuevas siglas que pueda adoptar en su eventual regreso a la legalidad política.
«Unidad nacional»
Los peneuvistas, en cuyas filas han vuelto a aflorar las desavenencias internas, son conscientes de que la irrupción de nuevo de Batasuna en la disputa electoral minará los resultados que obtuvieron en 2003, cuando amarraron la mayoría absoluta en las diputaciones de Vizcaya y Guipúzcoa. Y han interpretado la manifestación de Bilbao, por boca de Íñigo Urkullu, como un nítido intento de «conformar un polo independentista que sea alternativa política y social» a su partido; una estrategia de «frentes nacionales» a la que Imaz volvió a oponer ayer mismo «la unidad nacional» de todas las fuerzas vascas para poder asentar la paz.
El pulso PNV-Batasuna abre el interrogante del espacio propio que puedan conservar las otras dos fuerzas nacionalistas minoritarias, EA y Aralar. El partido de Errazti, persuadido de que el alto el fuego de ETA avala su cooperación con la izquierda abertzale en el Foro, se debate en estos momentos entre reeditar su alianza con los jeltzales o arriesgarse a calibrar en solitario su poder electoral.