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Domingo, 2 de abril de 2006
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POLÍTICA
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El PP asume que el protagonismo del proceso de paz corresponde a Zapatero
Ningún dirigente defendió que Mariano Rajoy rechazara apoyar al Gobierno ante el alto el fuego de ETA
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El líder de la oposición está respaldado por su partido para apoyar al Gobierno en el proceso que abrió el alto el fuego de ETA y to-dos sus dirigentes asumen que el protagonismo le corresponde a José Luis Rodríguez Zapatero. Con más o menos convicción ante el «principio del fin» del terrorismo, los populares comparten la idea de que la mano tendida al presidente del Gobierno es la única po-sición factible para un partido con posibilidades reales de gobernar.

A pesar del desconcierto inicial, Rajoy perfiló una posición constructiva y unánime del PP ante el alto el fuego nada más conocerse el comunicado de ETA. En todos los foros de debate se reflejó una opinión favorable a situarse al lado del Gobierno. Nadie -ni siquiera los más desconfiados- defendió una decisión contraria.

Las discusiones se centraron en definir el límite del apoyo a Rodríguez Zapatero. Ángel Acebes -que dirige el proceso bajo las directrices de Rajoy- preparó con otros dirigentes el pronunciamiento que hizo el líder popular tras su entrevista en La Moncloa. «Era muy importante dejar claramente establecidas las líneas rojas del PP», señaló el secretario general.

«El protagonismo es de Zapatero y no podemos hacer otra cosa que controlar el cumplimiento de nuestras condiciones y dar el apoyo para que ETA se acabe», explicó un destacado miembro de la cúpula popular. Las discrepancias surgieron entre quienes conciben esperanzas de que el proceso llegue a buen puerto y los que contemplan la tregua como una nueva maniobra de la banda terrorista para obtener ventajas o, cuando menos, legalizar Batasuna antes de las elecciones municipales.

Las predicciones oscilaron entre los que vaticinan un proceso corto porque dan por hecho que Zapatero ha pactado con Batasuna y quienes auguran un camino «largo y difícil», ya que consideran que el presidente y ETA no tienen cerrado acuerdo alguno. Los menos optimistas están convencidos de que la alianza entre el Gobierno y la oposición se romperá porque los terroristas pedirán al presidente concesiones que el PP rechazará.

No anticipar escenarios

Rajoy zanjó las discusiones con una posición que todos acataron: «no anticipar escenarios». El PP permanece a la espera de que el Gobierno «verifique» que la decisión de ETA es irreversible. «Creeremos lo que diga el presidente», apuntó un miembro de su equipo. Según los populares, a partir de ese momento será cuando tenga sentido el cumplimiento de las condiciones que impusieron a su apoyo: nada de contrapartidas a ETA, ningún cambio legal ni contactos con organizaciones terroristas o ilegales para abordar modificaciones en la legislación vasca, navarra o española.

«Ese es nuestro baluarte», dijo el secretario de comunicación, Ga-briel Elorriaga. «La gente tiene clara nuestra posición, que es la de un partido responsable y alternativa de Gobierno», añadió. Fuentes de la dirección popular insistieron en que el secretario de co-municación, actual imagen del discurso antiterrorista del PP, no sustituirá en ningún caso como portavoz al secretario general sino que su intervención pública sobre estos asuntos permitirá al partido aislar el territorio para el consenso -una cuestión de Estado- del resto de ámbitos, donde seguirá ejerciendo una dura oposición.

Los políticos consultados rechazaron pronunciarse sobre el posible efecto de la tregua. Sin embargo, en privado, coincidieron en que la legalización de Batasuna está descontada y es relativamente fácil si la banda abandona las armas o el partido condena la violencia.

Nadie rehusó tampoco la reinserción de los presos cuando ETA se disuelva y hasta los integristas reconocieron que es una previsión constitucional expresamente reflejada en el Pacto Antiterrorista. La respuesta, sin embargo, fue unánime ante la posibilidad de que la izquierda abertzale obtenga algún «precio político» a cambio de que los terroristas dejen de matar. Todos dijeron un 'no' rotundo.



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