-El nombre de Alec Reid ha sido invocado como una de las personas que han participado de manera decisiva en el proceso. Usted le ha acompañado en Euskadi. ¿Cuál ha sido la aportación del sacerdote redentorista? ¿En qué ha consistido su trabajo?
-El padre Alec ha hecho una contribución importante, abriendo líneas de comunicación entre grupos y personas, serenando ánimos y rebajando desconfianzas, insistiendo en la necesidad de diálogo y, sobre todo, comunicando un optimismo irrefrenable que en las situaciones difíciles se sostiene en una confianza plena en «la gracia de Dios». Lo repite permanentemente, incluso ante auditorios mayoritariamente agnósticos, y además lo cree de verdad. Al padre Alec es imposible desanimarle. Pasara lo que pasara a lo largo de estos siete años, y han pasado muchas cosas, nada ni nadie podía quebrantar su convicción de que la violencia iba a terminar pronto y el diálogo iba a tener por fin una oportunidad. Con su gastada mochila, viajando en autobuses y trenes por toda la geografía vasca, olvidando aquí unas gafas, allí unos papeles, caminando por nuestras ciudades, parando aquí y allá a tomar un cafecito y continuar escribiendo sus 'lecciones de la calle', ha tenido que ser una auténtica pesadilla para los servicios de información. En realidad, como él mismo ha expresado con contundencia en alguna de sus entrevistas recientes, no ha tenido una intervención directa en la gestación de la declaración del día 22. Eso sí, estaba informado de que la declaración se estaba gestando e iba a llegar de manera inexorable.
-¿A quién representaba el padre Reid? ¿En qué medida el Obispado de Bilbao avalaba su labor? ¿Qué canales de comunicación mantenían?
-El padre Reid trabaja por su cuenta bajo la autoridad de su provincial en Irlanda y el superior general de la Orden Redentorista. Ambos están perfectamente informados de su labor en el País Vasco y la respaldan. Yo le invité hace siete años a venir a conocer la realidad del país porque conocía su experiencia y su importante papel en el proceso irlandés, pero nunca imaginé que decidiera implicarse en la situación del País Vasco hasta donde lo ha hecho. No es cierto que su presencia responda a una decisión o una estrategia de la Iglesia vasca. Los que conocen al padre Alec saben que no es fácil integrarle en ninguna estrategia que no sea la que él mismo define a partir de lo que va viendo. Es un hombre muy celoso de su independencia y que mantiene criterios personales sea cual sea la opinión mayoritaria en su entorno o lo que en cada momento pueda parecer políticamente correcto.
Filosofía eficaz
-En varias comparecencias públicas, determinadas declaraciones de Alec Reid han sembrado la desconfianza en sectores no nacionalistas, que las han tomado como las de un 'amigo de la izquierda abertzale', lo que ha cuestionado su supuesta neutralidad.
-Detrás de esa aproximación peculiar del padre Alec hay una opción, una filosofía de intervención. Me atrevo a resumirla porque él mismo la ha caracterizado en términos similares cuando, en alguna ocasión, le he transmitido mi preocupación con algunas posiciones suyas: «Yo vengo a pedir a unas personas que dejen la violencia porque hay una alternativa que respeta la dignidad humana. Ellos me dicen: 'de acuerdo, pero, ¿estás dispuesto a ayudarnos a construir esa alternativa?'. Lógicamente, yo les respondo que sí, y por eso les apoyo». La disposición a colaborar con la izquierda abertzale puede entenderse como identificación con sus objetivos políticos o como una filosofía de mediación en conflictos, discutible pero eficaz. Obviamente, en el caso del padre Alec, se trata de lo segundo y no de lo primero. Es su modo de «representar a la próxima víctima», tal y como él lo expresa; es decir, de hacer lo posible para que acaben los muertos y el sufrimiento cuanto antes. Se trata de una persona carismática, profundamente creyente, con unas convicciones forjadas en mil tensiones y en experiencias difíciles. Sinceramente, yo no esperaría que un hombre que ha trabajado durante treinta años en una situación tan compleja como la irlandesa y que ha tenido un papel tan esencial pueda ser alguien cuyas actuaciones no sean controvertidas en algún aspecto. Casi todo es debatible, pero es difícil cuestionar a un sacerdote que podría estar en Irlanda disfrutando tranquilamente de su prestigio bien ganado y a su edad tiene pasión suficiente por la paz para meterse de nuevo en un lío como éste.