Antonio Cañizares, el nuevo hombre fuerte de la Iglesia en España tras su nombramiento como cardenal, tenía muy clara su posición con respecto al proceso de paz, al menos, antes del anuncio del alto el fuego. «Con los asesinos no se negocia. Deben desaparecer como organización y deponer las armas». Así de tajante fue la respuesta del primado de Toledo a una pregunta sobre las iniciativas del Gobierno de Zapatero. La postura del vicepresidente de la Conferencia Episcopal es compartida por un amplio sector de los obispos, que coinciden también con las posiciones del purpurado sobre la unidad de España como «bien moral». Y con la situación de las víctimas del terrorismo, a las que considera que «se ha dado la espalda». La reciente manifestación de la AVT en Madrid, en contra de negociar con ETA, contó con sus bendiciones.
El secretario del Episcopado, Martínez Camino, tuvo que pronunciarse sobre el anuncio de la banda de manera inesperada cuando presentaba ante los medios el nuevo Anuario de la Iglesia. Se alegró de la noticia, pero le pareció «insuficiente». Además, se refugio en la doctrina oficial y desempolvó la instrucción sobre el terrorismo, que ya obligó en su día a los obispos vascos a desmarcarse. También esta vez causó disgusto en la jerarquía vasca, que salió seis horas después con un comunicado más abierto. El propio Blázquez intervino el pasado lunes en la plenaria de los obispos para matizar la posición de la Conferencia. El presidente del Episcopado, contento por la presencia de María Teresa Fernández de la Vega en la investidura de Cañizares como cardenal, bendijo públicamente la actuación de Zapatero. Los relevos que se barruntan en la jerarquía vasca pesarán en el nuevo escenario.
Al margen del desencuentro que pueda haber entre los obispos vascos y el núcleo duro de la Conferencia -Rouco y Cañizares- sobre el papel de la institución en el nuevo escenario, la Iglesia vasca cree que tiene mucho que decir en la titánica tarea de la reconciliación. En su nota, los prelados de San Sebastián, Bilbao y Vitoria abogaban por «sembrar con delicadeza y paciencia en todos los ambientes la experiencia liberadora del perdón, solicitado, ofrecido y recibido».
Arrepentimiento
El arzobispo emérito de Oviedo, Gabino Díaz Merchán, un prelado de la Transición, cree que con el terrorismo «hay que buscar la justicia unida al perdón». «Es difícil perdonar, pero es muy hermoso», apelaba recientemente a las víctimas al tiempo que reprochaba a ETA el «daño gravísimo que ha hecho a la sociedad vasca».
La revista 'Los Ríos', publicación de las misiones diocesanas vascas, recogía en su último número una semblanza del padre Jon Cortina, jesuita vasco que se libró de la muerte cuando un escuadrón paramilitar asesinó en la UCA de El Salvador a seis jesuitas, entre ellos Ignacio Ellacuría, y dos empleadas. El sacerdote Josetxu Canibe recogía unas declaraciones de Cortina al 'The New York Times' sobre el perdón: «El perdón es posible, pero uno debe saber a quién perdona. Dios perdona sólo a aquellos que se arrepienten. ¿Por qué deberíamos ser más generosos que Dios?». En algunas parroquias guipuzcoanas ya ha habido experiencias de reconciliación en las que «víctimas de ambos lados» han terminado abrazándose.