Laguardia se enfrenta a un doble reto: mantener su antiguo patrimonio ligado al vino y prepararse para el futuro. Esto supone que la villa debe consolidar la red de 213 bodegas que conforman toda una ciudad subterránea bajo su casco histórico y, de manera paralela, soterrar sin riesgos nuevas instalaciones como la del gas natural o la fibra óptica. La Diputación alavesa ha decidido retomar este proyecto tras años de letargo y ha encargado a Arabarri el diseño de un programa de actuaciones.
La sociedad foral encargada de la rehabilitación de los casos históricos espera tener listo a finales de este año -o en los primeros compases de 2007- un minucioso plan-marco para la ejecución de los trabajos. El coste de las obras «rondará los 10 millones de euros, casi 1.700 millones de las antiguas pesetas», avanzó a EL CORREO la joven arquitecta Luisa López Taberna, gerente de Arabarri.
Lo elevado del presupuesto obligará al organismo a afrontar las mejoras por fases, de manera escalonada. Así, la intención de la Diputación es empezar las obras el próximo ejercicio y fijarse «2010 como plazo de referencia para la conclusión», agregó López Taberna. Por su parte, el alcalde de Laguardia, el popular Javier Sampedro, también espera que en unos meses se dé un impulso a la restauración de las bodegas. «Cuando sepamos los números, podremos concretar plazos y posibilidades», indicó.
La rehabilitación de estas singulares cavas abriría la posibilidad de organizar interesantes recorridos guiados por su interior tras conectar unos recintos con otros. Eso sería todo un espaldarazo para la localidad con mayor proyección turística de toda la provincia. Sólo el pasado año, la villa recibió a 70.000 visitantes, atraídos por el cada vez más poderoso reclamo de la bodegas de grandes arquitectos y todo lo que rodea a la cultura del vino tan de moda en estos tiempos.
Un reto antiguo
De cara a diseñar estos itinerarios se ha elaborado un detallado plano de la ciudad subterránea. Sin embargo, es un objetivo tan antiguo y del que se ha hablado tanto que no faltan vecinos que lo consideran «una quimera, bonita pero muy difícil de realizar».
Y es que ya hace cuatro años que se dio a conocer la existencia de un ambicioso proyecto para abordar la rehabilitación de los viejos calados -casi ninguno de ellos se utiliza hoy para producir vino- que fijaba 2004 como fecha de remate de obra. El plazo fue completamente irreal, aunque sí se llegó a elaborar un avance y a realizar incluso pruebas de materiales.
«Aparecieron sulfatos en algunas bodegas y los laboratorios Labein desarrollaron pruebas para ver qué materiales habría que utilizar en los trabajos de consolidación para evitar riesgos», explicó López Taberna. «No se apreció peligro de desmoronamiento de la ciudad, pese a que todos hablamos de que Laguardia es como un queso gruyère, con todo su interior agujereado. Tras analizar 70 cavas sólo hubo que realizar una actuación de urgencia, en la zona de Santa Engracia», puntualizó la arquitecta.
Ahora, al deseo de consolidar las bodegas se suma la necesidad de dotar a la villa riojano alavesa de nuevas infraestructuras. La localidad quiere disfrutar también de adelantos como la fibra óptica, el gas natural o tener el tendido eléctrico soterrado, nuevas redes de abastecimiento de agua y saneamiento, y calles con urbanizaciones más modernas.
«Hay que hacer todo eso, pero sin perder de vista que debajo están los calados, algunos demasiado pegados, sin que quede casi sitio para las conducciones, otras veces dejando en medio bolsas grandes», subrayó la gerente de Arabarri. «La necesidad de hacerlo con garantías nos lleva a tener que acompasar ambos frentes de trabajo», zanjó.