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Lunes, 3 de abril de 2006
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Benedicto XVI recuerda la «inmensa herencia espiritual» de Wojtyla al año de su muerte
Miles de personas pasaron por la plaza de San Pedro a lo largo del día y se reunieron a la hora del fallecimiento
Benedicto XVI recuerda la «inmensa herencia espiritual» de Wojtyla al año de su muerte
CON VELAS. Varios fieles sujetan una pancarta con la imagen de Juan Pablo II. / REUTERS Y EFE
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Como hace un año a esa hora, miles de personas se congregaron anoche en la plaza de San Pedro bajo la ventana del palacio apostólico. Tras esa ventana entonces cerrada y con una luz tenue, el 2 de abril de 2005, a las 21.37 horas, moría Juan Pablo II, y otra multitud escuchó ayer a la misma hora las palabras de su sucesor, Benedicto XVI. Desde el apartamento papal, el pontífice tenía ante sí una muchedumbre, unas 80.000 personas, iluminada con velas repartidas desde dos horas antes. «Ha pasado ya un año, pero su memoria continúa viva», dijo Ratzinger. Había muchísimas banderas polacas y una mayoría de jóvenes, en una masa que se extendía a lo largo de la Via della Conciliazione.

Fidelidad y dedicación fueron los términos con los que Benedicto XVI ensalzó la «inmensa herencia espiritual» de su predecesor, del que recordó sobre todo sus últimos años de declive físico. «Nos hizo más atentos al dolor humano y nos hizo ver la dignidad al sufrimiento, y que el hombre no vale por su eficiencia, sino por sí mismo, porque es creado y amado por Dios», dijo elevando la voz. Su breve intervención duró unos 10 minutos, en la línea de su habitual sobriedad, y al final habló unos momentos en polaco.

El Vaticano fue durante todo el día un lugar volcado en el recuerdo de Juan Pablo II, desde que a primera hora de la mañana empezaron a formarse colas en la entrada de la gruta donde se halla su tumba. Entre los visitantes, el presidente de la República italiana, Carlo Azeglio Ciampi, coetáneo y amigo de Wojtyla, que acudió con su esposa a depositar unas flores en su lápida.

La última bendición

Al mediodía, en el tradicional Ángelus de cada domingo, el Papa dedicó su discurso a Wojtyla, una suerte de primera parte de su reflexión de la noche. «Juan Pablo II ha dejado una señal profunda en la historia de la Iglesia y de la humanidad (...) ¿Qué nos ha dejado este gran papa que ha introducido la Iglesia en el tercer milenio? Su mensaje se puede resumir con las palabras que dijo en su primer día: 'Abrid las puertas a Cristo'».

Benedicto XVI describió los últimos años de Wojtyla como «un gradual desnudo» hasta que su mensaje se redujo a lo esencial, «la entrega de sí mismo hasta el final». También evocó su última aparición pública, en la bendición 'Urbi et Orbi' del domingo de Pascua, cuando no logró articular palabra. «Fue su bendición más sufrida y conmovedora», concluyó.



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