El segundo, último y decisivo debate entre el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, y el líder del centro-izquierda, Romano Prodi, a cinco días de las elecciones generales, se saldó con una sensación de tablas y de que fue más aburrido que el anterior. Pero predominó la impresión de que Berlusconi se había recuperado y volvía a ser el que era. Berlusconi, se constató que había mejorado respecto a la anterior cita del pasado 14 de marzo, donde se le vio nervioso e incómodo con las reglas del encuentro.