La asociación de apoyo a presos Salhaketa denunció ayer que un nuevo recluso de la cárcel de Nanclares de la Oca trató de quitarse la vida el pasado jueves, el segundo caso que ha trascendido durante el mes de marzo. El portavoz del colectivo, César Manzanos, afirmó que ese día «una ambulancia tuvo que trasladar a una persona que se había intentado cortar las venas. Por ahora no tenemos más datos».
Estos dos últimos hechos se suman a las ocho muertes -seis de ellas por suicidio- ocurridas en el penal alavés en los últimos quince meses. El último fallecimiento tuvo lugar el 9 de de marzo, cuando un recluso apareció ahorcado en su celda con una sábana. «Nuestra impotencia es total», subrayó Manzanos.
El portavoz de Salhaketa reiteró una vez más a las instituciones que es preciso eliminar «con urgencia» las «terroríficas» condiciones en las que viven las personas que cumplen condena en el centro. Al hilo de esta exigencia, Manzanos suscribió su «rotundo rechazo» al proyecto anunciado el pasado día 23 por el Gobierno central para demoler el actual penal de Nanclares y construir uno nuevo en el mismo municipio, aunque más alejado del núcleo urbano.
Según aventuró el sociólogo, en un nuevo recinto «se van a reproducir exactamente igual las paupérrimas e ilegales condiciones de encarcelamiento». Como ejemplo, expuso el caso de la nueva cárcel de Zuera, en Zaragoza, que tiene «el mayor índice de muertes de presos del sistema penitenciario español».
Es más, Manzanos dudó seriamente sobre la posibilidad de que el actual penal llegue a derribarse ante el progresivo crecimiento de la población encarcelada. Por eso, alertó de que es factible que al final Nanclares «se encuentre con dos cárceles».
«Le mordió una rata»
El portavoz de Salhaketa compareció ante los medios acompañado de Maite González, la madre de un recluso de 31 años que está en Nanclares desde hace más de dos ejercicios. Óscar intentó cortarse las venas el 13 de marzo después de haber denunciado en 2005 a los funcionarios de la prisión «por palizas y lesiones».
Maite aseguró ayer que en realidad su hijo fue agredido en tres ocasiones, pero que tuvo que retirar dos denuncias «por miedo a las represalias». «Una vez le rajaron la oreja, le dieron patadas en los testículos y ni siquiera podía hacer sus necesidades», relató.
El día 14, cuando fue a verle al hospital de Basurto, se puso «malísima» al comprobar que el chaval tenía los brazos y las piernas «morados» por los golpes. «Les llevan al suicidio, les presionan», criticó.
Esta madre afirmó que quiere sacar a Óscar de Nanclares «porque van a terminar matándole o se va a suicidar él, y no es broma». El pasado día 5 el recluso «fue mordido por una rata» y ella misma tuvo que llamar para que le atendiera un médico «porque no le hacían caso». Para esta mujer en las celdas del penal «también deberían estar muchos de los que están trabajando ahí, que son mucho peores que los presos».
i.cueto@diario-elcorreo.com