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Martes, 4 de abril de 2006
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DEPORTES
CICLISMO
Sangre a la vista
Cada vuelta arranca con un madrugador control antidopaje que, sin sancionar, saca de la carrera a los ciclistas con valores sospechosos
Sangre a la vista
RESIGNADO. El pelotón asume que en cualquier momento de la noche puede llegar la llamada de los 'vampiros'. / BORJA AGUDO
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En el libro de ruta, la primera etapa de la Vuelta al País Vasco comenzaba a la hora de comer, sobre las dos menos cuarto. En realidad empezó antes, sin desayunar siquiera. De noche. Ciclismo nocturno, silencioso, casi clandestino. La salida la dan unos nudillos en la puerta. 'Toc, toc'. Es la hora de la sangre, el turno de los 'vampiros'. Así pasó ayer en el Hotel Costa Vasca, en San Sebastián. Los dedos de los técnicos de la UCI tamborilearon en el umbral de las habitaciones del CSC, el Lampre, el Ag2R, el Cofidis y el Crédit Agricole. Sangre a la vista. A catarla. A someterla a la fórmula australiana, el último método de detección de la trampa. Ayer, al menos, nadie salió acusado. Nadie tuvo que dejar la carrera por la puerta de atrás. No se utilizó este eufemismo: «Quince días sin competir por motivos de salud». Todos los auscultados estaban en regla. Alivio. Hasta la siguiente cata.

El método australiano -explicado en esta misma página- se puede resumir así: si un deportista presenta un hematocrito alto (porcentaje de glóbulos rojos) no es lógico que tenga un índice bajo de reticulocitos (glóbulos rojos jóvenes). Esto es, si la médula ha generado muchos glóbulos, tienen que ser nuevos. Algo rechina en caso contrario. La UCI aplica este sistema indirecto de detección de EPO desde 2004 y lo ha ido puliendo. Hasta el año pasado, lo más frecuente era notificar al corredor que sus valores no eran normales. Entonces se le recomendaba alejarse de las competiciones. Era una sanción silenciosa. Una especie de tarjeta amarilla. Esta temporada el corsé se ha estrechado. La UCI ha ajustado aún más los parámetros. La tarjeta amarilla cada vez es más roja: tres corredores del 3 Molinos Resort y uno del Kaiku cayeron en esa red en la pasada Vuelta a la Comunidad Valenciana. Más tarde, Tauler fue exonerado porque pudo demostrar que su tasa de reticulocitos es siempre muy baja.

La máquina Sysmex

Antes, el ciclismo vivía en duermevela por los casos positivos. Ahora también. Y a eso se añade el miedo a la máquina que calibra los reticulocitos, que mide la sospecha sin acusar. El sofisticado aparato en cuestión, Sysmex XT2000i, viaja a las carreras desde un laboratorio concertado por la UCI en Valencia -a cargo del doctor Montoro-. Según las consignas del fabricante del sistema, no es recomendable su traslado, ya que es un mecanismo de precisión. Pero, aun así, no deja de hacer turismo. Arriba y abajo. De hotel en hotel. Para algunos ciclistas eso es ya un argumento para dudar de la puntería de 'la Sysmex', no de la validez del método. De hecho, varios equipos profesionales disponen de la máquina, como el Phonak, que, sin embargo, se ha llevado ya varios sustos: entre los datos resultantes de su analítica y los de la UCI había diferencias.

¿Y por qué si la máquina detecta irregularidades sanguíneas no son declarados 'positivos' los corredores afectados? Porque el método no puede demostrar al cien por cien la culpabilidad del deportista. En pruebas experimentales, los científicos australianos comprobaron que en algunos casos -pocos-, los sujetos analizados presentaban datos sospechosos pese a no haberse dopado. Por eso no hay sanciones, sólo exclusiones. Es el tercer tipo de figura jurídica. Había dos: culpable e inocente. Ahora hay tres: sospechoso. Lo que diga la sangre. Las etapas comienzan de noche.



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