Hay una nueva familia de archimillonarios en Europa. Es belga, de Bruselas, y son un padre y una madre de unos 45 años, con tres hijos todavía pequeños. Les han tocado de golpe 75,7 millones de euros, 12.600 millones de pesetas de las de antes. Se trata del tercer mayor premio de la historia de Euromillones, un sorteo que ha disparado las expectativas del enriquecimiento repentino hasta niveles de presupuesto ministerial. A la irlandesa Dolores McNamara la agració con 115 millones el 29 de julio pasado y un parado de la región parisina, cuyo nombre nunca llegó a dominio público, se embolsó 75,8 millones dos meses después.
La pareja belga supo de su fortuna el viernes. Nada ha trascendido de cómo pasó el fin de semana. Ayer, y atendiendo a las indicaciones publicadas en los medios informativos, se puso en contacto con una especie de teléfono de auxilio puesto a punto por la Lotería Nacional belga. Le respondió una 'célula de acompañamiento para grandes ganadores' concebida para -a lo que se ve- facilitar el tránsito de mortales atribulados hacia su nueva condición de dioses del cuerno de la abundancia.
«Aconsejamos a esas personas que ganan sumas enormes no hablar con nadie de lo que les ha pasado. Incluso les recomendamos no decírselo ni a los hijos de corta edad, porque a los niños les cuesta guardar secretos y sufren bajo esa presión», decían ayer miembros de tan singular célula de auxilio.
La reunión de los responsables de la Lotería belga con la pareja tuvo lugar ayer por tarde en un lugar secreto. No trascendieron otros detalles que los que la Lotería, puesta de acuerdo con los nuevos millonarios, aceptó difundir: «Son una pareja normal», decían. «Tienen los pies en el suelo. Van a seguir trabajando. Juegan habitualmente a la Loto y al Euromillones. Cogieron un 'Quick Pick' (apuesta por ordenador)».
Antes, cuando a la gente le tocaba la Lotería, era un jolgorio. Periodistas y bancarios corrían juntos, unos tras las noticias y otros por los millones, y la risa era grande cuando los periodistas les ganaban a los bancarios, que era casi siempre. Hoy, células de especialistas asesoran en secreto a los secretos ganadores de sumas inimaginables sobre cómo reaccionar en tales circunstancias: como si de una catástrofe se tratara.