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Miércoles, 5 de abril de 2006
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EDICIÓN IMPRESA
AINARA JÁUREGUI, MARINO MERCANTE
«Lloro cuando dejo el barco, no cuando me voy de casa»
La joven oficial ofrece esta tarde una charla en la Casa de Cultura, dentro del ciclo Mujer de Hoy, organizado por EL CORREO
«Lloro cuando dejo el barco, no cuando me voy de casa»
DE FAMILIA. Ainara, en una de sus últimas campañas. / EL CORREO
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Quería ser piloto de avión, pero sus dioptrías le arrebataron la ilusión, así que Ainara Jáuregui (Barakaldo, 1981) decidió forjar su futuro en la mar. Hija de un trabajador de La Naval y biznieta de un jefe de máquinas, los barcos han formado parte de su vida desde que era una niña. Ahora, como marino mercante -segundo oficial de puente-, el mar es su vida. Mujer y joven, ha logrado abrirse camino en un mundo «donde por desgracia el machismo está todavía a la orden del día».

-De no haber sido marino, ¿en qué le hubiera gustado trabajar?

-Siempre quise ser piloto de avión pero uso gafas o lentillas, me informé y me dijeron que no me iban a aceptar, así que ni siquiera lo intenté.

-Del cielo al agua hay muchas millas de distancia.

-Los pilotos viven mejor que nosotros, pero tenemos muchas cosas en común. Los libros de meteorología o las rutas de navegación que utilizamos nosotros son, por ejemplo, los mismos que emplean ellos.

-¿Cómo lleva ser mujer en un mundo de hombres?

-A la hora de estudiar no tuve ningún problema. De hecho, en mi clase éramos seis chicas y seis chicos, así que estaba todo muy repartido. Lo que ocurre es que a la hora de navegar las mujeres se quedan más en tierra por el hecho de querer conciliar la vida personal y la profesional. Yo empecé a navegar hace cuatro años y sólo en una ocasión me he topado con un hombre que no quería mujeres a bordo.

-¿Y a ellos? ¿Les gusta compartir cubierta con una mujer?

-Cada vez están más acostumbrados y ya no les sorprende tanto, pero todavía hay muchas compañías que no admiten mujeres. Por desgracia, el machismo en este mundo está todavía a la orden del día. Aunque he de decir que esto ocurre más a menudo entre la gente de tierra que dentro de un barco.

-¿Cuesta vivir en un barco?

-Es duro porque tienes que convivir 24 horas con la misma gente y no puedes volver a casa o salir con los amigos para desconectar. Además, vives descolgado del mundo y cuando llegas a tierra te sientes totalmente descolocado. Pero, por otra parte, en el barco se crean vínculos personales muy especiales que en tierra no podrían crearse.

«No te aburres»

-Dicen que los marinos son almas solitarias, con un gran sentido de la responsabilidad. ¿Se siente identificada con esta descripción?

-A nadie le gusta estar solo aunque en un barco estás muchas veces obligado a ello. En cuanto a la responsabilidad hay de todo, igual que en tierra.

-¿Cómo combate la soledad?

-En algunos barcos hay gimnasio y piscina y todos tienen televisión, libros o deuvedés. Y siempre hay trabajo que hacer, así que no hay tiempo para el aburrimiento.

-¿Y la morriña?

-Se echa mucho de menos a la familia y a los amigos, pero lo llevo muy bien. De hecho, al irme de casa no suelo llorar pero sí lloro cuando abandono el barco porque en él se crean vínculos que no se crean en tierra. Además, nunca sabes si algún día volverás a coincidir con esa misma gente con la que has compartido cuatro intensos meses.

-¿No se irá de vacaciones al mar?

-Tengo un velero, así que en mis vacaciones navego a vela y también suelo ir a nadar a la piscina. Me paso la vida en el agua.

-¿Cómo logra mantener los pies en la tierra?

-Siendo una persona normal, sin grandes extravagancias.

-¿Por qué navegaría a la deriva?

-Navegar a la deriva es tan malo que creo que no lo haría por nada ni por nadie.



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