¿Qué relación tiene un móvil con la explotación infantil? ¿Qué se puede hacer con un paraguas y unos juguetes viejos? ¿Qué suponen 10 litros de agua en el Tercer Mundo? Estas y otras cuestiones removieron ayer las conciencias de los 150 escolares reunidos en el patio de El Campillo para una sesión intensiva, organizada por la asociación cultural Garenok y varias ONG, sobre la necesidad de un consumo responsable y sostenible.
A través de varios talleres y una obra de teatro, los alumnos de Vera Cruz, Corazonistas, Ramón Bajo, Federico Baraibar, Samaniego, Mendebaldea y la ikastola Ikasbide se adentraron en la necesidad de reciclar, ahorrar agua y adquirir productos con responsabilidad.«Queremos que recapaciten de forma lúdica sobre las realidades del mundo», resumió Raúl Montoya, profesor de 1º de ESO de Federico Baraibar.
A su lado, Fátima, una de sus alumnas, apuntaba a los gobiernos «como responsables de que haya millones de niños esclavos para elaborar los productos que venden las multinacionales, como televisores, relojes y demás. Es un negocio, y ellos podrían hacer algo». Con 13 años, Farid Borroju, del Ramón Bajo, también deseaba que «ningún niño trabaje», afirmó rotundo. Pero la fascinación por los móviles no se la quita nadie. Ya ha tenido varios, para lo que cuenta con la ayuda de sus padres. «Es que cada vez salen más nuevos y con tantas cosas».
Mientras tanto, Lorena Méndez e Irati Rodríguez, ambas de 4º de ESO en Samaniego, aprendían que el agua que se gasta cada vez que usan la cisterna equivale a lo que consume a diario una familia africana de varios miembros para comer, lavar y fregar. «Hasta ahora no me preocupaba mucho, pero ahora estaré más atenta con los grifos de casa», confesaba Lorena. Irati, por su parte, reflexionaba sobre «todo lo que a veces compramos sin necesidad, hay que aprovechar más las cosas y reciclar».
Buenos propósitos
También resulta difícil resistirse cuando de dulces se trata. Rubén Goldaracena, Julen García, Javi López y Guillermo López de Subijana, alumnos de 5º de Primaria de Corazonistas, se decantaban por una conocida tableta de chocolate antes que por un alimento similar del comercio justo en el stand de Intermón Oxfam. «El desconocido está más rico», admitieron para reconocer que no son del todo inmunes a los encantos «de las marcas».
En ese sentido, Carlos Almaraz, de Garenok, admitía que «aún hay mucho camino por delante, porque el mundo de influencias sobre los chavales es muy grande». Aun así, confiaba en la necesidad de esta labor «para sembrar un granito de arena y que en su vida cotidiana actúen en consecuencia». Una esperanza que tuvo su reflejo en los buenos propósitos de Rubén, Julen, Javi y Guillermo. «Intentaremos poner en práctica lo que hemos aprendido», prometían de vuelta a clase.