Leo en algún sitio, disculpen si no confirmo la información, que desde que se dictó la ley anti tabaco, equivalente a la Ley Seca que por lo menos hizo célebre a Elliot Ness y sus Intocables y de paso a Robert Stack y Kevin Costner, hay una especie de rebelión sorda contra norma tan medieval. Por lo que observo cada día, la gente que fumaba sigue fumando, la que no fumaba sigue sin hacerlo y la que fumaba y ya no lo hace continúa tan malhumorada como de costumbre. Quizá me equivoque, pero creo que en ese sentido no ha cambiado nada o muy poco.
Lo que sí se nota es un cambio de hábitos: no es infrecuente contemplar la comparecencia en la acera de muchos ciudadanos desterrados de sus puestos de trabajo para que puedan fumar al aire libre. Es un tanto vergonzoso ver a seres adultos y responsables castigados en el patio como si fueran críos para poder encender el pitillo prohibido. Semejante humillación debería ser declarada contraria a la práctica de los derechos humanos.
Soy, ya lo saben, de quienes opinan de la dichosa ley que es un bodrio, y eso que ya casi no fumo después de varias décadas de consumo inmoderado de nicotina. Pero es que ya se está llegando a extremos grotescos: también he leído por ahí que se va a prohibir fumar en el campo, quizá para que los animalitos que pueblan la naturaleza no contraigan cáncer de pulmón y haya que tratarlos en el hospital con el consiguiente gasto sanitario.
Mientras tanto se forran los vendedores de productos mágicos, de placebos, de jarabes y de pastillas milagrosas que no consiguen nada. Si quiere usted dejar de fumar, puede.Yo lo he hecho y sin decretos por medio. c.p.uralde@diario-elcorreo.com