No sé si alguien, en algún momento, pudo llegar a imaginar una situación tan tormentosa como la actual, pero me imagino que las 'opas' de Gas Natural y E.on sobre Endesa se acabarán estudiando en las facultades de Derecho. De momento y a la espera de nuevos acontecimientos, que llegarán sin duda, el asunto está embarrancado en sus aspectos mercantiles, ya que la Comisión Nacional del Mercado de Valores ha aprobado la oferta catalana, que apoya el Gobierno, pero no la alemana, que se enfrenta a sus iras. Se ha empantanado en los tribunales nacionales y, una vez presentada ayer la fianza de 1.000 millones -¿récord histórico?-, la juez de Madrid procederá a suspender la tramitación de la OPA ante la demanda de colusión presentada por la eléctrica. Y está varado en Bruselas, donde la Comisión Europea ha decidido expedientar a España y llevarnos ante el Tribunal de Justicia de la UE. Nos acusa del mal funcionamiento del mercado energético por haber incumplido la normativa sobre liberalización de los mercados y por restringir la libre circulación de capitales. El tema no se deriva, en sentido estricto, de la OPA actual, pero le afectará aprovechando que el Pisuerga continúa fluyendo por Valladolid.
¿A quién beneficia esta intrincada deriva? Pues siempre al atacado. Cuando las cosas se enredan tanto, la solución tiende a caer del lado de la parálisis. Desde un principio he pensado que un Gobierno comprometido sin pudor y una institución financieramente omnipotente forman una pareja invencible. Pero empiezo a dudar. El apoyo de La Caixa puede debilitarse al aparecer contrapartidas desagradables en términos de pérdidas de mercado; el Gobierno puede terminar agotado en esta pelea extenuante, y los inversores, aburridos de tanta complejidad. Ése es el momento que espera Pizarro. Ya lo saben: cuantos más focos, más sombras.
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