El Correo Digital
Jueves, 6 de abril de 2006
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CICLISMO
 
EDICIÓN IMPRESA
 
COOPERACIÓN DEL EQUIPO. Iker Camaño tira del líder de la prueba en una de las subidas de la etapa de ayer. / BORJA AGUDO
CICLISMO
Hay en Beci, la cuesta que se subirá el sábado en la contrarreloj final, un mensaje sobre el asfalto. Repetido como un estribillo. Pintado en blanco desleído. Es un nombre: 'Samuel Sánchez'. Hasta ayer, era una pintada de ánimo archivada allí hace un par de años; desde ayer, parece un augurio. Antes de esta Vuelta, el asturiano era un campeón precario, con su carrera deportiva encadenada a la precipitación y la mala suerte. Era un ciclista con hábito de derrota. Ya no. Mutación. Ya es un ganador, el estrato más cotizado de la jerarquía ciclista. En las fotografías pasadas, Samuel era el del fondo, el que siempre iba detrás del tipo que levantaba los brazos. En la imagen de hoy despliega todos los gestos de la victoria, desde la alegría a la emoción. Ya tiene costumbre de victoria. Hasta las suma: una en Segura y otra en Lerín. Hasta las multiplica: la de ayer vale para reforzar su liderato, para pagar plazos en el futuro del Euskaltel-Euskadi y para reclamar ante un contrarrelojista como Contador el triunfo final en la Vuelta al País Vasco. Samuel ya es otro. Habrá que repintar el asfalto de Beci, tan cerca de Güeñes, su hogar vizcaíno.
 
 
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