La construcción del futuro museo de Arqueología entre las calles Cuchillería y Pintorería se retrasará un año más debido a los problemas surgidos con la empresa responsable de los trabajos, a la que la Diputación ha abierto un expediente de rescisión del contrato, como adelantó El CORREO. El coordinador de la obra, el arquitecto foral Julio Herrero, confió ayer en reanudar la edificación ahora paralizada «antes de tres meses». Después, aún quedarán «ocho o diez meses» más de labor, por lo que el edificio, cuya construcción comenzó hace dos años, no estará acabado hasta la primavera de 2007. Y luego será necesario un amplio periodo de tiempo más para equiparlo y organizar las exposiciones.
Herrero acompañó a la titular de Urbanismo, Marta Alaña, en su comparecencia voluntaria ante las Juntas Generales para explicar las vicisitudes por las que atraviesa el museo. La diputada foral detalló las razones técnicas y jurídicas que han llevado al Gabinete Rabanera a romper su relación con la constructora catalana, que debía haber entregado el inmueble el pasado 4 de marzo.
Pero la intervención más contundente corrió a cargo del arquitecto Patxi Mangado. El autor del proyecto, que respaldó en todo momento a Alaña, calificó a la empresa de «chantajista». Según relató, los trabajos comenzaron de manera «animosa» por parte de la firma, «pero desde el primer día empezó con sugerencias». Los responsables de la constructora, agregó, plantearon desde el principio modificaciones. «Detrás de todo esto no hay más que un asunto económico, la empresa quiere sacar más dinero. Si se equivocó con la oferta es su problema», denunció, en alusión a la rebaja de 800.000 euros -el museo se licitó en 6,1 millones- con la que se ganó el concurso.
«Aquí no se ha dado ni un duro más, eso quedó claro y empezaron los problemas. No íbamos a admitir de manera injustificada ninguna modificación», agregó Mangado. Las relaciones entre Comsa y la dirección facultativa -el propio arquitecto y los técnicos forales, cuyo trabajo estimó «exquisito»- han sido muy tensas. Mangado las calificó incluso de «humillantes», cuando se refirió a la forma en que les hacían llegar las muestras de materiales. «Su actitud era mezquina. En el 90% de las ocasiones hablábamos de dinero y no cogían a las subcontratas de gente cualificada y buena que se les sugerían». «Ha sido un sufrimiento», zanjó. El padre de la 'caja mágica' que albergará el museo indicó que este tipo de actitudes no son nuevas en algunas compañías. «No se puede usar el chantaje de paralizar una obra para que la Administración acepte lo que piden», reclamó.
A los tribunales
Tras su intervención, la diputada Alaña desveló que los servicios jurídicos de la Diputación tienen sobre la mesa desde el martes las alegaciones presentadas por Comsa para evitar la rescisión del contrato. En su informe, la empresa niega ser responsable de los retrasos y enumera las modificaciones aceptadas por la dirección de obra y que, a su juicio, han ralentizado los trabajos.
Si, como se prevé, la institución foral rechaza sus argumentos, la firma estudiará acudir a los tribunales, relevaron ayer fuentes de Comsa. Mientras, la Diputación analiza cómo contratar a otra constructora para que concluya los trabajos. Su intención es, explicó Herrero, que la nueva firma mantenga los compromisos con las subcontratas locales.
Tras escuchar a Alaña, los partidos de la oposición -PNV, PSE y Grupo Mixto- respaldaron la decisión de la Diputación de abrir un expediente de rescisión de contrato. Sólo el PNV se mostró crítico, al considerar que la reacción del Gabinete Rabanera en este caso había sido «tardía».