Félix Ruiz de Larrinaga, vicario judicial del tribunal eclesiástico de la Diócesis de Vitoria, abrirá mañana el telón de la Semana Santa vitoriana como pregonero invitado por la Cofradía de la Vera Cruz. El testimonio cristiano y la vivencia profunda de la fe serán los ejes de su discurso.
-¿De qué se habla en un pregón de Semana Santa?
-Yo enfocaré mi discurso hacia el testimonio cristiano, que significa vivencia profunda de la fe en clave de fraternidad, de acogida, de cercanía, de misericordia y de compasión. La intención es fomentar en tiempos de crisis una esperanza apoyada sobre la fe.
-Habla de crisis de fe. ¿La religión ya no se lleva?
-Hay una crisis fomentada por el secularismo y el materialismo, pero la vida espiritual es una necesidad del ser humano, como el aire. Sin aire, no podemos vivir; sin espiritualidad, tampoco.
-Sin embargo, cada vez más gente pasa de puntillas sobre la religión.
-De ahí que los cristianos católicos debamos retomar la imagen de comunidades acogedoras, misericordiosas, cercanas a la persona necesitada. Ése es el testimonio que debemos transmitir.
-¿Cómo vive usted estos días?
-Con mucho trabajo. La Semana Santa la vivo después, durante la Semana de Pascua. Me retiraré a un monasterio para dedicarme a la oración y a la lectura.
-Para muchos la Semana Santa es sinónimo de sol y playa. ¿Se está perdiendo el carácter religioso de estas fechas?
-Sí y no. No creo que las vacaciones supongan para todo el mundo el olvido de la vivencia de la fe.
-Vitoria no es una ciudad con unas procesiones arraigadas. ¿Teme que puedan llegar a desaparecer?
-Yo soy vitoriano y nunca he sentido las procesiones como arraigadas. En cualquier caso, las procesiones son instrumentos, no fines; lo más importante es la fe. La procesión no puede perder el carácter religioso y quedarse en un mero acto folklórico-cultural.
-¿No echa de menos gente joven que se implique?
-Hace falta que los jóvenes se impliquen en todos los sectores de la sociedad.
-¿No se comprometen los jóvenes de hoy en día?
-Son comprometidos, pero a tiempo parcial.
-¿También con la religión?
-Yo creo que también.
-¿Qué habría que hacer para que esto cambiara?
-Si tuviera la solución, sería el amo de la feria. Vuelvo otra vez al testimonio, a la experiencia vivencial de Jesucristo en una comunidad acogedora, misericordiosa y compasiva, donde se viva la fraternidad.