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Jueves, 6 de abril de 2006
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CON REMITE
La vieja dama
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Toda muerte es estúpida para el que se muere, pero hay muertes mucho más estúpidas que otras. Que uno vaya caminando por ahí y de pronto reciba el golpe de una losa en la cabeza con resultado letal es un ejemplo de lo frágil que es la vida por muchas precauciones que se adopten. Miren el caso reciente de ese vecino de Campezo que ha muerto al caerle encima el muro de un pajar. Era un tipo jovial, muy querido por quienes le conocían, nunca había hecho el menor daño a nadie y era padre de dos hijos pequeños. Y cuando visitaba su pajar, cayó abatido por el muro asesino.

Sobre la fragilidad humana ya se ha escrito casi todo, de modo que no voy a insistir en el asunto. Lo que me aterra es que la dama de la guadaña pueda estar a la vuelta de la esquina, agazapada como un ladrón y lista para arrebatarte el fuelle de un golpe certero. A esa tétrica señora le da igual la edad que tienes, los amores que albergas y los proyectos que imagines en esta vida. De pronto te ve, se fija en ti y te sentencia a la pena capital sin juicio ni jurado.

Pero lo peor de todo es que no tenemos derecho a plantear alegaciones. La malvada señora es muda y sorda y nadie le ha visto la cara que no tiene.Sólo queda recomendarles que extremen las precauciones aunque no sirva para mucho si la asesina por antonomasia se ha empeñado en acabar su trabajo. Imagino al vecino de Campezo saliendo de su casa con la certeza alegre de que todo iba a suceder como de costumbre, imagino cómo se despidió de los suyos sin el menor pálpito de que una desgracia iba a acabar con su idilio con la vida.



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