El Correo Digital
Jueves, 6 de abril de 2006
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OPINIÓN
CARTAS AL DIRECTOR
Babcock
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Los abajo firmantes, trabajadores de la empresa Babcock Power España, antes Babcock Borsig, tenemos que acudir de nuevo a las páginas de opinión de su periódico para desmentir a uno de sus redactores del área de Economía. Después de una carta anterior, para desmentir al señor Marco-Gardoqui, ahora, con gran pesar por nuestra parte, nos vemos en la obligación de poner en su sitio al señor Manu Álvarez, así firma sus artículos, porque no podemos entender su actitud en relación con la verdad de las cosas que desgraciadamente ocurren en nuestra empresa.

Tras una época comprometido con la verdad, sus informaciones han bajado de nivel tan drásticamente que hasta hay algunas de ellas que ni siquiera firma, figurando las agencias de noticias como hacedoras del artículo de prensa correspondiente. ¿Tendrá algo que ver con la visita, pagada por supuesto, que hizo su redactor señor Álvarez a Austria? ¿Cree usted que las informaciones sobre nuestra empresa en su periódico se atienden a la verdad de los hechos, en razón de la información existente sobre los mismos?

Más grave aún, en ese contexto, es el artículo publicado el día 31-03-06, donde se vierten gravísimas acusaciones a los trabajadores, de forma gratuita, con la intención de enfrentarlos con la sociedad civil a la que pertenecen. Para que quede claro de una vez, los trabajadores de Babcock no queremos volver al sector público, no queremos ser unos subsidiados de la empresa pública estatal, pero tampoco queremos ni tenemos porqué ser los paganos de una situación generada por la propia SEPI, al realizar una venta que ha resultado ser un absoluto fiasco se mire por donde se mire, y sobre la cual los tribunales dirán si existe o no el delito de estafa.

Pero los trabajadores tampoco queremos ser manejados por sindicalistas corruptos que nos han mentido grave y reiteradamente, ni por los que dimiten como niños cuando ven que les quitan el juguete. Pero el 'juguete' aquí, resulta ser nada más y nada menos que el futuro, el trabajo y el sustento de miles de personas, con lo cual ni el más osado de los malhechores se atrevería a jugar. ¿Por qué no se ha puesto fin hasta ahora al resultado de una venta fraudulenta como ésta? ¿Por qué se molesta algún partido político, cuando hemos estado dos años solicitándoles su apoyo, y no hemos recibido nada a cambio? Nosotros no queremos ir contra nadie, sino a favor de nuestros puestos de trabajo, y por ello, en vez de criticar desde sus páginas al calor de intereses inconfesables, debería recomendarle a su redactor, en el ejercicio de su cargo, que deje de echar, perdone el término, 'mierda' en todas las acciones que en legítima defensa de sus intereses emprenden los trabajadores.

También le pedimos que 'obligue' a su redactor a que no nos enfrente tampoco con las instituciones ni con los partidos políticos. Nuestra lucha en defensa de nuestros puestos de trabajo es lícita, y nadie tiene el derecho de torpedearla con la defensa de intereses abyectos que para nada defienden el empleo y el desarrollo industrial, sino cuestiones más 'domésticas' de interés personal. ¿No estará pendiente alguna operación urbanística con los terrenos de la empresa?

Señor director, permítanos hacerle, humildemente, una sugerencia. Mentir no es el mejor camino para el desarrollo de una carrera profesional que se precie. Seguir así, no nos cabe ninguna duda, sólo va a suponer descrédito, tanto para el periódico que dirige, como para su redactor, señor Álvarez. Apoyar los oscuros intereses que confluyen en la operación de venta de la empresa, discutida en los tribunales por todos los colectivos, tanto activos como pasivos, de los trabajadores, no permitirá en el futuro una salida honrosa, facilitando el descrédito social de su diario.

Por otra parte, a su redactor, señor Álvarez, le decimos que si le queda algo de dignidad, es preferible no hacer un artículo a mentir día tras día sin recato alguno. En todo caso, que deje de perjudicar a los trabajadores, y de apoyar oscuros intereses, que más tarde o más temprano lo van a dejar en evidencia. Entretanto, le pedimos que no mienta más de una manera obscena. ¿Déjenos en paz señor Álvarez, déjenos en paz!



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