El Excelentísimo Señor don Manuel Aldazábal Gorostizaga, Manolo, Imanol para los íntimos, se encuentra cierto día preguntándose si su vida habría sido lo que es si «una serie de circunstancias no me hubieran convertido, a mí, en el hombre mediocre e insignificante por antonomasia, en un auténtico héroe de la Transición». La casualidad, el error y la inercia en la existencia de un 'hombre normal', aderezado todo ello con política e intriga, son los mimbres con los que el escritor bilbaíno José Javier Abasolo ha trenzado su última novela, 'Antes de que todo se derrumbe'.
Con este libro, publicado por Algaida, Abasolo (1957) logró el VIII Premio de Narrativa Francisco García Pavón, del Ayuntamiento de Tomelloso. Y en él el autor vuelve a utilizar la novela negra como método con el que acercarse al «momento que vivimos. No en vano se ha dicho que este género es la novela social de hoy», explica uno de los autores vascos más conocidos en este campo.
Mediocre, normal
En 'Antes de que todo se derrumbe', Abasolo ha optado por no hacer matar ni hacer morir a los personajes, sino por adentrarse en el chantaje, un delito que prácticamente consiste en señalar como culpable a la propia víctima. «Me interesaba tratar eso: cómo el chantajeado no puede contarlo, está más indefenso que ante un robo o un asesinato, porque tiene algo que ocultar; si no, no habría problema», dice el autor de la novela.
Manolo, el protagonista, es consciente de que su éxito surge de una mentira, pero sin embargo en ningún momento la propició él. «Es un hombre que se ha dejado llevar en la vida, no es un político corrupto ni especialmente malvado. Aprovecha la oportunidad», resalta el escritor bilbaíno. Un error, más que una mentira, que alguien quiere hacerle pagar.
Abasolo ha querido retratar a un hombre «mediocre, pero no con un sentido peyorativo, sino como alguien normal. Como somos la mayoría: hacemos nuestra vida como podemos». Y lo ha puesto ante algo más que la mentira, ante «lo que hay que hacer después para que no salga a la luz». Todo ello en el marco de la Transición, un momento que define como «muy interesante» como autor y como lector. «Yo la viví con 20 años y me parece una época apasionante», señala.