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Jueves, 6 de abril de 2006
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CULTURA
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Los bustos encapuchados de Agustín Ibarrola
El creador vasco repasa su trabajo de la última década en La Coruña
Los bustos encapuchados de Agustín Ibarrola
Una de las piezas expuestas.
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Agustín Ibarrola presentó ayer en el Museo Unión Fenosa de La Coruña un conjunto de bustos encapuchados con los que retrata la siniestra persecución de que ha sido objeto, junto con pinturas y escultuas de los últimos tiempos. Muestra a aquellos que intentaron quemar el almacén de Gernika donde guardaba su colección personal, a los que varias veces dañaron el Bosque Encantado...

La muestra, correspondiente al curso que impartió el verano pasado en este museo gallego, dentro del Taller Picasso, integra también 23 pinturas con campos y líneas de color en los que vuelve a aflorar una y otra vez su espíritu de investigador plástico. Lo mismo que en 25 grupos de varas y palos de distintos árboles en los que interviene como cuando lo hace a gran escala en la naturaleza. Tres esculturas en formato mediano y grande reflejan el otro gran frente de su trabajo de siempre y que retoma a cada paso.

«La obra de Ibarrola -dice en el catálogo el crítico Juan Ángel Vela del Campo- trata de dar una respuesta siempre a una situación social exterior variable. Ello lo materializa a base de puntualizaciones plásticas en y sobre el entorno y lo que está pasando, conjugando memoria y esperanza. Es un tipo de respuesta estética, claro, pero tiene una dimensión moral. La indiferencia ante los problemas de nuestro tiempo no existe ni como posibilidad».

«Agotado el programa del viejo vanguardismo vasco, de carácter netamente nacionalista, Ibarrola podía haber elegido una de las dos alternativas que aparecían nítidamente en el horizonte», comenta a su vez Carlos Martínez Gorriarán, profesor de Filosofía de la Cultura de la UPV.

Ni buscó las simpatías del nacionalismo, ni se asimiló a ninguna de las «corrientes artísticas admitidas por el mundo internacional del arte». Según Martínez Gorriarán, «eligió una tercera vía muy diferente: un camino personal que, de momento, le apartaba de ese mundo internacional y también, ya de modo permanente, del nacionalismo cultural vasco, anacrónico y asfixiante».



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