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Jueves, 6 de abril de 2006
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CULTURA
CRÍTICA DE CINE
En 1992, Paul Verhoeven revolucionó ...
En 1992, Paul Verhoeven revolucionó ...
'THRILLER'. Sharon Stone es la inquietante Catherine Tramell.
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En 1992, Paul Verhoeven revolucionó la taquilla y convirtió 'Instinto Básico' en referencia obligada de la actualidad. Logró instalar la película en la memoria del cine a pesar de contar con un guión decente y sobrevalorado y unas interpretaciones cuestionables (M. Douglas fue nominado a los Razzie como peor actor). Entonces se trataba de una historia de amor-posesión en la que el detective Curran era sentimentalmente devorado por una Sharon Stone plena de magnetismo y sensualidad, todo ello con una carga sexual que elevó a los sagrados archivos del recuerdo la famosa escena del cruce de piernas de la protagonista.

¿Qué queda de todo aquello en esta secuela? Pues más bien poco o, si se quiere, un garabato, un borrón de la idea original en el que sólo se distingue, con cierta claridad y reiteración, la perversa sonrisa embaucadora, el manejo a su antojo de las conductas y la aún inquietante presencia erótica de Catherine Tramell, gracias a una Sharon Stone físicamente espléndida. El resto es puro relleno sin interés y sin alma alguna.

En esta ocasión, el 'thriller' va de análisis psicológico de la protagonista y, al hilo de la seducción de su nueva presa, una serie de crímenes sin resolver que de pronto se le adjudican a ella, para luego pasárselos a otro y terminar en una explicación con resolución enigmática de poca monta. Pero el camino, cargado en exceso de sugerencias y malévolas miradas, resulta pesado y bastante aburrido. Ni el guión ha dado con un planteamiento aceptable, ni el director ha sabido rentabilizar mínimamente lo poco que pusieron en sus manos.



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