Pequeños talleres ya establecidos en otras zonas de Vitoria han decidido trasladarse a las mininaves para pymes edificadas en Júndiz hace tres años por Sprilur, la gestora de suelo industrial del Gobierno vasco. Ocupan ya el 65% de los 15.000 metros preparados. El resto está también copado. De ahí que Lautada, la filial de Sprilur en Álava, haya decidido doblar la superficie de su industrialdea. Las obras arrancarán el próximo otoño, según fuentes de la sociedad.
Los 29 pabellones que componen la fase ya agotada han sido adquiridos por 19 empresarios. Trece de ellos han realizado la compra para trasladarse, según indica el gerente de Lautada, Javier Argote. Los seis restantes han utilizado los locales edificados con apoyos públicos para crear nuevos negocios. De la decena larga de reubicaciones, cinco corresponden a promotores procedentes de los semilleros de empresas, que necesitaban con urgencia encontrar un acomodo tras superar los límites de estancia permitidos por las instalaciones para emprendedores.
Las motivaciones para el traslado son más variadas en el caso de los negocios antiguos. Argote estima que las dos más importantes son la falta de espacio o el coste del local de origen. Explica que «algunos han llegado al extremo de que si no cambian de local tienen que cerrar».
Precios competitivos
Para otros, el elemento determinante es dejar las rentas, de más de 2.000 euros al mes, que pagan en áreas de pabellones privadas. El sistema de acceso al industrialdea de Júndiz, al igual que el que utilizará la sociedad foral Álava Agencia de Desarrollo en el área para pymes que va a edificar en Subillabide, es también el alquiler. Pero con una renta que genera la posibilidad de comprar a un precio muy competitivo. Lautada ha cerrado ventas a 510 euros el metro cuadrado, lo que supone un 50% menos que los 750 euros que hay que pagar en las promociones privadas.
Las inmobiliarias dicen que los promotores particulares tildan de desleales las ofertas arropadas por las instituciones, pero confirman que están adquiriendo antiguas fábricas de Betoño y Gamarra para competir con ellas por el sistema de convertirlas esas plantas en minipabellones.