El consejero delegado de Gas Natural no tuvo ayer su día más brillante. Primero nos informó de algo que todo el mundo conocía -«la oferta sobre Endesa ya no es atractiva», admitió- para pasar directamente a engañarnos: «la compañía no ha tomado todavía la decisión de elevar el precio de la OPA sobre Endesa». Lo primero es una obviedad. Su oferta se eleva a 21,3 euros, de los que una tercera parte se entrega en dinero y la otra en papeles de la propia empresa. El precio sembró de dudas al mercado y quedó absolutamente desfasado desde el momento en que E.on lanzó el suyo de 27,5 euros, íntegramente en efectivo.
La segunda afirmación, simplemente, no es creíble. Solo hay dos alternativas: o bien el Gobierno se carga la oferta de E.on e impide que compita en la carrera en pos de Endesa, o bien consiente en que llegue al final del camino y se enfrente con Gas Natural. Yo apostaría por la primera opción, a pesar de que ya es evidente que las autoridades europeas han puesto el asunto en la UVI y lo van a vigilar de forma intensiva. Pero aún en ese supuesto, ¿quién y cómo se atrevería a presentarse en la primera junta de accionistas de Endesa habiéndoles escamoteado seis euros por el camino?
Si Gas Natural quiere seguir adelante tiene que mejorar su oferta. Y eso lo sabe desde antes y con independencia de la aparición de E.on en escena. Y desde ese mismo momento no sólo lo sabe, sino que conoce con bastante precisión cuánto tiene que mejorarla para hacerla presentable ante los mercados y captar el interés de sus destinatarios. La forma en que lo expresó Cuevas, el presidente de la patronal, resultó abusiva e insultante, pero es bien cierto que si hubiese sido más generosa desde un principio se habría ahorrado muchos disgustos.