Las gracias, en desgracia
 Montserrat Lluis
Os voy a hacer una pregunta. Pero chupada. Vaya, para haber dejado en bancarrota a las, imagino que avejentadas, tacañonas del 1,2,3: dígannos personas a las que, ahora, podrían dar las gracias: al camarero que me pone el café, al panadero que me elige la baguete tostada, al portero que saca lustre al portal... Campana
que acabó casi la columna
Han sido infinitas respuestas acertadas
¿a cuánto cada una? Pues ninguna tiene precio, aunque se lo pongamos al desayuno, a la barra de pan o al servicio de limpieza. A veces tengo la agria sensación de que, en un mundo empeñado en complicarse la vida, sólo merece la pena lo que se tasa en dinero. Tengo un precio, luego existo. Y el que lo paga se ahorra el gastar saliva dando las gracias; y el que recibe no cambia la propina por un gesto de gratitud. Ya nos avisaron de que el euro sería la moneda única. Las gracias han caído en desgracia. Maldita la gracia. Bendita palabra que, en enlaCe, queremos volver a poner de moda. Como el talante de Zapatero o el rico rico de Arguiñano. En estas páginas tienes tu espacio para dar las gracias. Es gratis y, a cambio, te damos a ti las gracias. Muchas gracias.
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