El Correo Digital
Viernes, 7 de abril de 2006
 Webmail     Alertas    Envío de titulares     Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES


CICLISMO
 
EDICIÓN IMPRESA
 
CON ELEGANCIA. Óscar Freire entre en la meta de Vitoria por delante de Samuel Sánchez. / BORJA AGUDO
CICLISMO
Óscar Freire es una estrella fugaz. Su biografía es una ausencia repetida. Rotulada entre lesiones y victorias. Mediado 2005 dejó de pedalear por un lacerante quiste en el glúteo, en el beso con el sillín. En septiembre, por si acaso, por si aún podía ir al Mundial, cogió una mañana la bicicleta. Apenas pudo dar un paseo de una hora. Cruzó el invierno en barbecho. Varado. Hasta el 12 de enero no volvió a ser ciclista. Ya en febrero de este año, en la Challenge de Mallorca y sin casi acumular kilómetros, sólo pudo competir un día. Una rodilla le mordía. Freire es un ciclista ortopédico, de cristal, un destello. Fugaz. Pero una estrella. Pese a los meses recluido en una butaca, se presentó en la Tirreno-Adriático y se llevó una etapa. Días después sumó a su exquisito palmarés la Flecha Brabançona. Ayer, el cielo gris de Vitoria asistió a otra de sus apariciones. Una luz que recorrió de repente el horizonte de asfalto de la Avenida Gasteiz, en Vitoria. Y cuando Freire se convierte en esa estrella fugaz, pide un deseo: ganar. Concedido.
 
 
Otros titulares

Vocento