La cuarta edición de la semana del pincho -diez días en realidad- vuelve a alcanzar un resultado brillante, según los datos facilitados por los organizadores. Una vez hecho el recuento, esta cita ya consolidada se ha traducido en la venta de 185.778 especialidades. Una cantidad récord por cuanto supera los 181.325 pinchos degustados hace un año.
La Asociación de Hostelería y los propietarios de los establecimientos se contentaban con igualar las cifras de 2005, un listón muy elevado. Y no sólo se han mantenido, sino que se han superado. Mientras que la oferta del número bares ascendía de 42 a 48, los manjares en miniatura disminuían con el recorte de tres a dos por cada local.
La organización reconoce que los mayores picos de ventas coinciden con ambos fines de semana -el primero desbordó a algunos establecimientos-, pero constatan una afluencia de público importante en los días laborables.
Otros datos confirman el asentamiento del certamen como una cita ineludible anual. Por ejemplo, los 5.500 ciudadanos que participaron con su voto popular para conceder el premio al Toloño (Erizo de mar en su hábitat). Este bar se llevó ayer dos placas porque sumó a la anterior el reconocimiento al mejor conjunto.
La distinción de oro premió la brocheta de manitas rellenas de crema de piquillos con sus ibéricos que presentaba el asador Erpidea (Ullíbarri-Gamboa). Plata para la cafetería David (Rollito del Cantábrico) y bronce que reconoce el carpaccio del Gardoki.
El portavoz del jurado, Julio Vázquez, elogió «el nivel de creatividad y complejidad» general y, por ello, se han otorgado accésits a La Enoteca (Guacamole de langostinos y jamón ibérico), Benta Zaharra (Lasagna de cerdo ibérico con compota de berenjena en crujiente de regaliz y miel) y La Viña (Calabacín relleno de litiruelas y espárragos trigueros). El Albatros se llevó la mejor presentación y el Sagartoki, el premio a la investigación.