La N-1 a su paso por Álava no era sino un tramo modesto en la red de carreteras, cuestión que menoscababa un tanto la autoestima local. Sin embargo a partir de ahora va a obtener el rango de autovía, contará con tres carriles, se eliminarán algunos molestos inconvenientes y podremos alardear de tener una autovía como los dioses de la automoción ordenan y no un modesto, perdonen por la exageración, lindo camino de cabras.
La razón por la que se ha tardado tanto en resolver el problema se me escapa, pero alguna habrá. El caso es que ya va a resolverse y sin causar graves problemas de tráfico, lo cual supone todo un triunfo logístico en cierto modo inaudito. Cuántas cosas largamente demoradas se resuelven un buen día y todo el mundo se pregunta por qué no se resolvieron antes. Desde el principio, por ejemplo.
Pero de lo que se trata es de alegrarse porque ya contamos con la dichosa autovía después de una larga travesía a ciegas, si se me permite la boutade. Habrá tres carriles desde Manzanos a Armiñón y dos en el enlace con la carretera de La Rioja, se eliminarán cambios de rasante y todo será más fácil y más cómodo hasta que la muerte nos separe.
En estos arduos asuntos de las obras públicas solemos celebrar las buenas noticias sin acordarnos del tiempo que han tardado en producirse. Pertenecerá al orden natural de las cosas o no, pero somos lentos como los cangrejos a la hora de arreglar lo que está roto o lo que podría estar mejor. Lo de la autovía a su paso por Álava es un ejemplo claro: toda la vida quejándonos por lo que pasa y de pronto, muchos años después, por fin se pone punto final al asunto. Ignoro cómo saldrá todo, aunque supongo que bien, pero hay que reconocer que se lo han tomado con calma. Voy a consultar cuánto se tardó en construir y mejorar las legendarias calzadas romanas, pero estoy seguro de que voy a llevarme una sorpresa. En este espinoso asunto siempre vamos para atrás en el tiempo por alguna razón inescrutable. Conduzca con cuidado. Nunca se sabe cómo se hizo el trabajo. c.p.uralde@diario-elcorreo.com