La mayoría de los críticos estadounidenses todavía se preguntan qué narices hacen juntos Ben Kingsley, Morgan Freeman, Josh Hartnett y Bruce Willis en una película como 'El caso Slevin'. La cinta ha recibido calificativos muy negativos -el más amable es el más temido por un director: «vulgar»-, y ha pasado sin pena ni gloria por la taquilla, donde ni siquiera ese reparto de 24 kilates -que rebajó su salario para participar- ha logrado que levantara cabeza. Por ello, los productores han depositado sus esperanzas en el mercado europeo, donde desembarca ahora este 'thriller' cargado de humor que toma como punto de partida una confusión.
'El caso Slevin' -dirigida por el escocés Paul McGuigan, responsable de 'Obsesión'- cuenta el increíble lío en el que se ve metido este Slevin (Hartnett), un tipo corriente que es confundido en Nueva York con un amigo suyo que debe dinero a los dos grandes jefes de la mafia, El Rabino (Kingsley) y El Jefe (Freeman). Ambos se disputan el control de la ciudad y, por una serie de enredos, terminan por involucrar al inocente protagonista en una peligrosa trama por la que deambulan un despiadado asesino a sueldo (Willis) y una guapa joven (Lucy Liu).
«Tras leer el guión supimos que había muchos grandes papeles y unos diálogos fantásticos que atraerían a los actores, pero no imaginamos esto. Cuando Morgan y Bruce firmaron fue algo completamente inesperado. Completaron un reparto de ensueño», revela Hartnett, que participa en la producción de la película. «El guión me pareció muy divertido. Tiene una trama laberíntica que tienes que seguir con atención. Los espectadores han de estar dispuestos a dar grandes saltos de imaginación con respecto al lenguaje y al comportamiento de los personajes», comenta Ben Kingsley.
El actor británico es la auténtica joya del proyecto. Un intérprete cuya sola presencia atrajo al resto: «Ves a alguien como él trabajar y te preguntas cómo has llegado hasta allí», admite Freeman. «Sir Ben está en otro nivel, y todos le mirábamos boquiabiertos cada vez que actuaba», concluye Hartnett.