El escultor navarro José Ramón Anda presentó ayer una antológica de sus más treinta años de trabajo en sala BBK de la calle Elcano de Bilbao. Su obra se consolidó en la década de los ochenta como un claro referente del arte vasco, avalado por los elogios de Eduardo Chillida y Jorge Oteiza hacia su obra.
En la formación de sus primeras piezas hay que destacar el período de su estancia en la Escuela de San Fernando de Madrid (1970-1974), donde realizó sus balbuceos creativos. Anda abre en ese periodo una vertiente figurativa dentro de la escultura española, al introducir en sus obras el influjo de una parte de la escultura italiana contemporánea, encabezada por Arturo Martini, Giacomo Manzú y Marino Marini. La influencia de este último derivó en tres esculturas sintomáticas de esa etapa, 'Cabeza de Unamuno', 'Mujer embarazada' y 'Zutik'.
Más que oficio
Casi al mismo tiempo, empieza a indagar en las formas abstractas a partir de figuras geométricas como el cubo, una investigación que llegará a ser muy fructífera en su obra posterior. En estos años, mediada la década de los setenta, están datadas las piezas monumentales 'Juan Antxieta', situada en el parque Hiru-Bide de Pamplona, 'Argi izpia eta oreka', en el campus de la Universidad de Navarra, y 'Haizean, en Tolosa.
Los expertos han definido su personalidad creativa como la de un poeta que ama la madera, el material que más ha utilizado, y como un artista con mucho oficio que siempre camina sobre seguro. A finales de los ochenta, Anda decidió comenzar una nueva etapa constructiva con la creación de los 'muebles-esculturas' (mesas, sillas, armarios), algunos de los cuales se expusieron en Bilbao en 1987.
En la obra de estos treinta años, Anda ha centrado su reflexión en el cruce entre lo abstracto, lo figurativo, la labor del taller y la función, así como en la forma de la arquitectura.