Acaba de ser aprobada la nueva ley de Educación que ha de ser una ley para tiempos nuevos y con ésta última que ha salido del Congreso ya van seis reformas educativas en lo que llevamos de democracia. Ley tras ley, es un hecho que cada vez más jóvenes acceden a la enseñanza superior pero y al mismo tiempo se constata que la seguridad de un empleo futuro les rehuye en proporción creciente. Esa incertidumbre en el mañana parece que va en aumento para aquellos que logran diplomas, pero para los que no los tienen es todavía peor y, aunque es cierto que hay más parados sin estudios, también sucede que los títulos no protegen sistemáticamente más del paro que a los que no gozan de cualificación.
La situación general, según todos los análisis, es que cada vez los estudiantes son más numerosos, pero al mismo tiempo más desmotivados. Hay que añadir que aumenta una concepción utilitaria del saber -buscar las 'salidas' con mayores probabilidades es prioritario-. ¿Para qué estudias, muchacho? Respuesta matemática: «Para tener un trabajo», lo que va unido con las cada vez más escasas ganas de conocimiento y el poco placer que sugiere el adquirirlo. Estamos viendo la revuelta de los jóvenes en Francia abocados legalmente al empleo precario cuando abandonen la universidad con flamantes licenciaturas bajo el brazo. Lejos queda el año 85 en que se propuso en el país vecino el famoso objetivo de una generación con un 80% de bachilleres y se creó al mismo tiempo el bachillerato profesional para luchar contra el desempleo entre la juventud.
Una medida que pretendía dar oportunidades para salir del medio obrero, pero hoy dos tercios de los que lo han obtenido son obreros, eso sí, con diploma. De aquí a 30 años el 70% de la población activa francesa tendrá el bachiller. Aquí como allí habrá muchos diplomados. Los debates sobre la escuela y el sistema educativo seguirán al ritmo de la actualidad y sus retos, pero como no son los centros de enseñanza los que crean los puestos laborales ni los que imponen la valoración de la 'titulitis' y la 'meritocracia' la solución no está sólo en las aulas, donde se comprueba que problemas que crecen fuera de ellas encuentran asiento en los bancos del colegio.