Después de recibir en el OAKA un 'k.o.' en el último asalto del partido buscábamos en Vitoria el camino de vuelta a Atenas con los dioses del Olimpo y no bajarnos del carro con el casillero limpio. El TAU, a estar fino y seguro para coger alas y absorber los cuartos y el Panathinaikos, a explotar un banquillo al que no se puede acusar de nada.
Primera retención
Los accesos, como la operación salida de verano, y la gente, con la tensión por los aires. Al inicio, en la grada y en la cancha todos dando positivo. Scola puso en marcha su turbodiésel y consumía a los rivales. Las vías de tres abiertas por Hansen y con el jefe de tráfico, Prigioni, hacían del TAU un equipo con muchas válvulas. El Baskonia, a tope de revoluciones y los griegos, por carreteras interiores, donde Tomasevic era un bache. Los pinchazos helenos en los tiros libres nos dan ventaja.
Segunda retención
Todos a la gresca y los guardias de naranja no paraban de hacer sonar sus pitos. El TAU llega a tener once kilómetros de distancia, pero el 'Pana', con su coche clásico Alvertis, nos mete el miedo. El crono cardíaco, el juego da un cambio de dirección con Lakovic hasta que Splitter pone las largas y enciende el semáforo rojo al Panathinaikos.
Fin del trayecto
En un duelo de veras, con el público de volante, el TAU pasó el peaje del segundo para ir al tercero.