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Viernes, 7 de abril de 2006
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El prometido homenaje que nunca se celebró
El prometido homenaje que nunca se celebró
INNOVADOR. Lezama en una salida de puños, una de sus grandes especialidades. / FAMILIA LEZAMA
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Las muertes recientes de Zarra y Urra han reducido a tres el número de supervivientes del histórico Athletic de los años cuarenta: Rafa Iriondo, Raimundo Pérez Lezama y José Luis Bilbao, 'Balanegra', el recambio de guardia de Iriondo y 'Piru' Gainza. A sus 83 años, Lezama se emociona al recordar a todos los viejos amigos que ya no están. Bertol y Panizo fueron sus más íntimos. Pero con todos sus compañeros estableció un vínculo eterno de fraternidad.

-«Éramos como hermanos. ¿Estábamos tanto tiempo juntos! Piensa que nuestros viajes duraban igual cuatro días. Solíamos traer el 'Pájaro rojo' cargado de cosas: aceites, arroces, patatas... Entonces había mucha necesidad y la baca del autobús la traíamos siempre hasta los topes. Una vez, viniendo de Andalucía, se nos metió de polizón un chaval y no lo descubrimos hasta llegar a Bilbao. Luego puso un puesto de almendras garrapiñadas en Indautxu»-, recuerda el portero más inglés de la historia rojiblanca.

La carrera de Lezama en el Athletic concluyó en el verano de 1957 con la recepción de dos cartas del club. En una le informaban de su despido y en la otra le citaban para el primer entrenamiento de la pretemporada. Aclarado el malentendido, el portero baracaldés se despidió de sus compañeros y se volcó en el taller de luminosos que ya tenía en marcha desde comienzos de la década de los cincuenta. Eso sí, para matar el gusanillo del deporte siguió jugando tres temporadas en Segunda, una en el Indautxu y dos en el Sestao. Lo hizo sin cobrar. «Perico Olaso me dio un cheque de 150.000 pesetas al terminar la temporada con el Indautxu y se lo devolví. A cambio, me regaló este reloj de oro», dice, mostrando la joya.

Socio de honor del Athletic, Lezama ha sido desde su retirada un espectador asiduo en San Mamés; un espectador frío y cerebral, nada que ver con el carácter pasional y vehemente que siempre mostró bajo los tres palos. También han sido más bien frías desde hace años sus relaciones con el club, que se deterioraron a raíz de una promesa incumplida y de algunos desprecios u olvidos incomprensibles. Como Raimundo prefiere no hablar de ello, lo hace su hijo Manu.

-«A mi padre le prometieron un homenaje y llevamos más de 30 años esperándolo. En la época de Arrate yo me moví y negocié con el Southampton, que se ofreció encantado para jugar en San Mamés. Le di al Athletic todo el trabajo hecho y me respondieron que los homenajes son ruinosos. No lo sé, son cosas incomprensibles que pasan en este club. ¿Te puedes creer que a mi padre no le invitaron a ningún acto del Centenario?»-, pregunta, dolido.



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