La detención del ministro palestino para Asuntos de Jerusalén por la Policía de fronteras israelí ha supuesto el primer incidente entre el nuevo Gobierno palestino de Hamás y el de Olmert. Y desde luego no será el último. La confusión política que reina en la región hace que la situación que se vive en ambos bandos sea proclive a este tipo de 'tanteos' . Como lo son las propias discrepancias internas sobre cómo afrontar la nueva etapa y su proyección sobre el denominado proceso de paz. Sin ir más lejos, la polémica desatada a raíz de la carta enviada por el ministro palestino de Asuntos Exteriores al secretario general de la ONU, con afirmaciones que fueron tomadas inicialmente como un reconocimiento implícito del Estado de Israel para ser luego tajantemente desmentidas por la línea dura del Gobierno de Palestina -aduciendo un error de traducción- ilustra perfectamente el momento actual.
El Ejecutivo de Hamás está experimentando los problemas que conlleva la gestión de lo que pretende ser un Estado soberano. Las arcas están vacías y el primer ministro Hanniya sabe que su amenaza de buscar otras fuentes de financiación, distintas a Occidente, le implicaría un costoso peaje. La 'errónea' traducción de la carta marca, en cualquier caso, un camino juicioso que es la continuación de lo que en su momento dejó entrever su fundador, el jeque Yasin, cuando se mostró dispuesto a que su formación aceptase un largo armisticio con Israel a cambio de crear su Estado en los territorios ocupados desde 1967. La tregua que se abrió gracias a la nueva visión de Hamás es, además, la que ha otorgado la mayor carga de viabilidad a la 'solución de los dos Estados' mantenida por Washington. Pero, sin embargo, la reacción israelí ha sido tajante, los ministros de Hamás están considerados miembros de una organización terrorista . Y ahí está el gran reto del nuevo Gobierno palestino: demostrar a la comunidad internacional que ya no lo son.