El año pasado Mónica Rojo recibió en El Salvador su bautismo como cooperante. Aunque ya había colaborado con varias ONG en el País Vasco y durante su estancia en Estados Unidos y Gran Bretaña, nunca hasta entonces había tenido la ocasión de trabajar sobre el terreno, conocer lo que ocurre en el Sur con impresiones de primera mano. «Es que, además soy periodista», apunta esta joven de Gallarta.
Gracias al programa 'Dema Becas Solidarias' participó en el relanzamiento de una emisora destruida por el terremoto del 2001. La ONG encargada de poner en marcha el proyecto quería destinarla a la educación no formal en zonas rurales cercanas a la capital, a promover, a través de sus ondas, programas de salud e higiene, respeto al medio ambiente o medidas contra la discriminación sexual.
Ella fue la encargada de realizar acuerdos con universidades para facilitar las prácticas de estudiantes en la radio, e incluso participó en la búsqueda de un transmisor más potente. Según confiesa, la estancia no ha supuesto una mera experiencia más. «La verdad es que me ha cambiado la vida a todos los niveles», asegura.
La prueba evidente de esta transformación es su regreso a Centroamérica dentro de un proyecto de Unicef para instruir a profesionales de la comunicación en asuntos de la infancia. Se irá en junio y el proyecto implica una estancia de dos años.
«Me ha creado conciencia», alega Rojo. «Has oído hablar de otras realidades, pero tienes que verlas con tus propios ojos. Entonces, no las olvidas, aunque estés aquí».
El caso del portugalujo Andeka García es similar, aunque él contaba con una labor previa con una institución que ayuda a niños de la calle en México Distrito Federal. La misma beca le permitió trabajar en un centro cívico regentado por la ONG 'Fe y Alegría' en cierta área marginal de Caracas.
En su caso, la novedad vino dada por su acercamiento al sentido comunitario de la iniciativa. «Me atrajo el interés de todos los vecinos por mejorar su situación, a pesar de los problemas, cómo te acogen y los vínculos que se crean». Habla de procesos a los que no es ajeno el chavismo. «Aunque, a menudo, animados en su propio provecho».
Conoció el barrio muy de cerca, porque la institución promocionaba su trabajo casa por casa. Admira su espíritu dentro del clima de violencia que sufren. «Una señora me habló de que una bala perdida acabó con su hija y, aún así, se le veía coraje para seguir».
Razones para vivir
También García confía en volver a Venezuela. «Con una ayuda o por mis propios medios», afirma tajante y explica con rotundidad los motivos. «Allí encuentras razones para vivir», alega.
También es consciente de que su opción no es entendida por muchos de los que le rodean. «Te dicen: bueno, si eso te gusta..., aunque no comprenden cómo puedes renunciar a tus comodidades».
A su juicio, existe una nexo invisible entre los cooperantes. «Llegamos a este ámbito por muy diferentes causas, en mi caso incluyó mucho el escultismo, pero, al final, acabamos compartiendo los mismos valores y nos identificamos enseguida».
Rojo señala la responsabilidad, entre esas características comunes. «Sé que suena utópico, pero creo que todos tenemos el deber de hacer algo para cambiar este mundo en el que vivimos, tan injusto», señala. «Quizás, en mi caso, reflejar lo que ocurre, combatir las imágenes estereotipadas y sensacionalistas», concluye.