El Correo Digital
Viernes, 7 de abril de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ÚLTIMA HORA ECONOMÍA DEPORTES OCIO CLASIFICADOS SERVICIOS CENTRO COMERCIAL PORTALES
SOCIEDAD
SOCIEDAD
Una misión en el mundo
Hace quinientos años nació san Francisco Javier, el patrón de Navarra, cuyo fervor evangelizador le llevó a la India, China y Japón
Una misión en el mundo
Una pintura japonesa retrata al santo leyendo el catecismo.
Imprimir noticiaImprimirEnviar noticiaEnviar

Publicidad

Los Reyes de España presidirán hoy en el castillo de Javier la celebración solemne del V Centenario del nacimiento de Francisco de Javier, patrón de Navarra. Al acto asistirán el ministro José Bono, los presidentes autonómicos de la Comunidad Foral, La Rioja y Cantabria, once embajadas en España y cuarenta altos cargos eclesiales, encabezados por el cardenal Rouco Varela.

Llamado 'el gigante de la historia de las misiones', Francisco Javier llegó a los confines del mundo empujado por el fervor evangelizador: vivió uno de cada tres días de su vida navegando, en una gesta inconcebible para un solo hombre en el siglo XVI.

Nació el 7 de abril de 1506 en el castillo de Javier. Hijo del presidente del Consejo Real de Navarra, Juan de Jasso, y de la noble María de Azpilcueta, era el pequeño de cinco hermanos y en su juventud viajó a París para estudiar Filosofía y Letras. Allí obtuvo su licenciatura en 1528 y conoció al vasco Ignacio de Loyola, bastante mayor que él pero con quien trabó una profunda amistad, y que ejerció una importante influencia durante el resto de sus días.

Tras seguir un curso de ejercicios espirituales dirigido por el propio Ignacio, Francisco Javier pronunció los votos privados en 1534 en el castillo de los mártires de Montmartre (París). Tres años después se ordenó sacerdote en Venecia (Italia) y asistió en 1539 en Roma a la fundación de la Compañía de Jesús.

Fue uno de los siete primeros seguidores de Ignacio de Loyola, y uno de los pioneros que, a petición del rey Juan III de Portugal, fueron enviados en misión a la India. Durante el año que duró el viaje se detuvo en Madagascar y Mombasa para dedicarse a la evangelización de los nativos.

Llegó a la colonia portuguesa de Goa, en la India, en mayo de 1542. Allí trabajó en la atención de enfermos y en la conversión de los nativos. Consciente de la importancia del conocimiento de la lengua indígena para el ejercicio de su apostolado, tradujo las principales oraciones y artículos de fe; recorrió a pie los poblados y se ganó fama de santo.

Después de realizar un viaje a las costas de Ceilán, regresó a Goa y desde allí inició sus viajes por Indonesia, donde le llegaron noticias de Japón.

En 1549, Francisco Javier partió hacia el misterioso País del Sol Naciente, donde aún no había llegado ningún europeo. Desembarcó en Kagoshima y pronto comenzó a aprender el japonés, idioma al que tradujo una exposición sencilla de la doctrina cristiana que repetía a quien le escuchaba.

Muerte en China

'Xabieru', como conocen los nipones al santo patrón de Navarra, de las Misiones católicas y de la Juventud, es uno de los personajes españoles con mayor reconocimiento en Japón , donde hasta un parque temático ha tenido la osadía de recrear el castillo de Javier del original navarro.

Tras poner las bases de las futuras comunidades cristianas, surgió su anhelo de evangelizar la inmensa China, persuadido de que de allí les venían los conocimientos a los japoneses.

Preparó su incursión en el continente y a finales de agosto de 1552 llegó a la isla desierta de Sanchón o Sancián, frente a las costas de China, donde murió de unas fiebres el 3 de diciembre de 1552. Francisco Javier tenía 46 años.

Su cuerpo fue enterrado en Malaca, al sur de Malasia, en contra del deseo del jesuita, quien quería descansar en la ciudad india de Goa. Finalmente, trasladaron allí sus restos, que reposan en la Basílica del Buen Jesús.

La reliquia de su brazo derecho se conserva desde 1614 en Roma, en la iglesia jesuita del Gesú.

Francisco Javier fue beatificado por Pablo V y canonizado el 12 de marzo de 1662 por Gregorio XV.



Vocento