«Entré en política en 1969 y no me echó la dictadura. El Estatuto de Cataluña no me echa de la política. Lo que piense de él es irrelevante. La vida es más importante que la política...» José Bono dedicó buena parte de su despedida del Gobierno a intentar dejar claro que su marcha no guarda relación con hipotéticas discrepancias con José Luis Rodríguez Zapatero por la aprobación del texto catalán, asunto que en los últimos meses le llevó a hacer declaraciones no siempre coincidentes con la línea oficial del Ejecutivo.
El ministro de Defensa -lo es hasta el martes- insistió en que su dimisión obedece a una decisión personal, que comunicó a Rodríguez Zapatero hace medio año. «Abandono la actividad política para dedicarme sobre todo a mi familia. -dijo- El presidente del Gobierno sabe de mi deseo de relevo desde hace por lo menos seis meses, y tiene una carta mía de dimisión desde hace al menos tres meses».
La ayer abarrotada sala de prensa del complejo de La Moncloa ha visto de casi todo, pero nunca había sido testigo de un beso y un abrazo entre dos miembros del Ejecutivo. La vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, subrayó de entrada, y para evitar suspicacias, que el ministro de Defensa dejaba el cargo «por razones personales». Alabó el trabajo desempeñado por Bono con «honestidad, entusiasmo, talento y talante», y cerró sus emotivas palabras con un recuerdo a la primera comparecencia conjunta de ambos en esa sala, cuando José Luis Rodríguez Zapatero anunció la retirad de las tropas de Irak el 18 de abril de 2004, un día después de entrar en La Moncloa. «Hoy, con la misma emoción de aquel día, quiero agradecerte tu trabajo, dedicación y compromiso», añadió.
«A corazón abierto»
Tras esas palabras, José Bono, sentado al lado de Fernández de la Vega, se dio la vuelta y besó y abrazó con ganas a su todavía jefa, quien, ruborizada, correspondió a su efusividad. A continuación, tomó la palabra el ministro de Defensa, quien reclamó «respeto» y «comprensión» hacia una decisión que -según matizó- le costó tomar mucho tiempo y «algunos sacrificios». «Comprendan que les he dicho toda la verdad, a corazón abierto». «Es una decisión serena, meditada y difícil, que he tomado a favor de mi familia», subrayó al ser interrogado sobre hipotéticas motivaciones políticas para su retirada.
En una sentida intervención, Bono explicó que su carácter y la emoción de la política le han impedido muchas veces en su larga carrera estar cerca de su familia. «Pero la vida es más importante que la política, y tras tantos años he decidido llevarlo a la práctica», expuso. El ministro, uno de los más valorados por los ciudadanos del Gabinete socialista, agradeció a Rodríguez Zapatero haber dicho en público que, si hubiese querido, seguiría en el Gobierno. «Me voy por mi propia voluntad, y no lo he hecho hasta que el presidente ha dado su conformidad personal», remachó.
El día de su despedida, Bono repasó su trayectoria como político, que inició hace 37 años -«cuando ser socialista sólo me podía conducir a la cárcel»- y que le llevó, en julio de 2000, cuando era miembro de la dirección del PSOE y presidía la Comunidad Autónoma de Castilla La Mancha, a disputarle la secretaría general del partido al actual presidente del Gobierno.
Grandes reformas
El ministro saliente le agradeció a Rodríguez Zapatero la «confianza» que le demostró al nombrarle ministro, y su «comprensión» en sus dos años escasos de mandato, en los que no escondió sus discrepancias con el Ejecutivo acerca de asuntos como la reforma del Estatuto catalán. «He tenido la enorme suerte de contar siempre con la confianza de un presidente que me ha dejado decir lo que pienso y me ha impulsado a decir lo que pensaba». Y para que nadie ponga en duda su lealtad, aseguró irse «perfectamente persuadido» de que el Congreso que designó a Rodríguez Zapatero «eligió al mejor».
A pesar de su salida del Gobierno, Bono no abandonará del todo la política. «No dejaré de ser un político a la antigua usanza y de tener ideas», prometió. Si el presidente se lo pide, seguirá vinculado al PSOE en sus cargos de presidente del partido en Castilla-La Mancha y miembro del comité federal. Eso sí, precisó que «no pienso presentarme a la Alcaldía de Madrid ni a todos los inventos que andan circulando».
Bono repasó también su gestión al frente del Ministerio de Defensa, corta pero intensa, pues durante su mandato se aprobaron reformas de gran calado para el Ejército. La más importante, la nueva Ley de Defensa Nacional, que estableció la obligación de consultar al Parlamento cualquier envío de tropas al exterior y de que sus misiones se ajustasen siempre a las resoluciones de las Naciones Unidas, para no repetir despliegues como el de Irak, al margen de la ONU.
Bono también fue el impulsor de la mayor subida de sueldo a los soldados en democracia y de la Ley de Tropa y Marinería -aprobada el jueves pasado- que garantiza un futuro profesional a todo soldado que acceda a las Fuerzas Armadas.
Legado para su sucesor
A su sucesor, José Antonio Alonso, que accederá al cargo el próximo martes, le tocará completar algunos de los proyectos que deja en marcha, como la ley que reformará la carrera militar y la creación de la proyectada Universidad de las Fuerzas Armadas.
El día de su marcha, José Bono tuvo un recuerdo especial para todos los ciudadanos, también los que no le votaron, y en especial los de Castilla-La Mancha; para su equipo; para el Rey, de quien dijo que le ayudó con su «consejo acertado» en momentos difíciles, para los informadores, a los que rogó «echar pelillos a la mar», y para los soldados españoles que murieron en el cumplimiento del deber durante su mandato. «Les tendré presentes siempre», afirmó.
Puso especial énfasis en dos asuntos: recordar que no ha habido Consejo de Ministros en el que «no pelease por los Ejércitos de España» y lamentar que la profesión de militar no esté «más valorada por la sociedad». Sus palabras fueron escuchadas casi sin pestañear por sus principales colaboradores, con el secretario de Estado, Francisco Pardo, a la cabeza.
Concluida la conferencia de prensa, la vicepresidenta y Bono abandonaron la sala rodeados de los escoltas y sin dejar de prodigarse muestras de afecto.