El PNV saludó ayer con satisfacción los cambios introducidos por José Luis Rodríguez Zapatero en su Gobierno y, en especial, la llegada al Ministerio de Interior de Alfredo Pérez Rubalcaba, quien mantiene una interlocución directa con el presidente del Euzkadi buru batzar, Josu Jon Imaz. La formación jeltzale interpreta la remodelación del Ejecutivo como un intento de Zapatero de asentar el incipiente proceso de paz, al situar a uno de sus principales muñidores al frente de una cartera -Interior- fundamental en la gestión del final del terrorismo y al desplazar a José Bono, nunca santo de la devoción de los nacionalistas, de las responsabilidades de Defensa. Los peneuvistas recuerdan que su nuevo titular, José Antonio Alonso, es un íntimo amigo del líder del PSOE y auguran que administrará con «lealtad» los datos que le vayan proporcionando los servicios de inteligencia sobre la verificación del alto el fuego.
La valoración del PNV contrastó con la ausencia de un pronunciamiento oficial por parte del Ejecutivo de Ibarretxe, que no consideró preciso evaluar los cambios internos decididos por otro Ejecutivo, y con la aparente tibieza mostrada por sus socios de Eusko Alkartasuna y Ezker Batua. Los jeltzales se posicionaron por boca de su portavoz en el Congreso y negociador habitual con Rubalcaba, Josu Erkoreka, quien aseguró que su partido no puede «sino respaldar y aplaudir» una crisis gubernamental a la que atribuye un nítido «sentido político»: el de «reforzar el proceso de paz ya iniciado» tras el alto el fuego y «avanzar con más claridad en la ruta definida».
Erkoreka centró su lectura en la entrada en el Gabinete del hasta ahora jefe de filas del grupo socialista en la Cámara baja y en la salida del mismo de José Bono. Del primero, dijo que su nombramiento supone colocar a «los mandos» del camino hacia el cese definitivo de la violencia a «quien ya estaba dirigiendo la nave desde tiempo atrás, desde la sombra». Y el abandono del ministro de Defensa esconde, interpretó Erkoreka, el objetivo de «orillar todo lo que pudiera ser un obstáculo», dado que de sus declaraciones públicas «cabe inferir que no compartía del todo la línea que se estaba siguiendo».
Relación
El portavoz jeltzale charló por última vez con Rubalcaba al término del Pleno del jueves sobre diversas cuestiones pendientes; entre ellas, el seguimiento del pacto presupuestario, que los peneuvistas tendrán que repasar ahora con su sustituto en el grupo socialista. El nuevo ministro de Interior, llamado a cooperar con el consejero Balza, ha ido labrando una fluida relación con Imaz -químico de profesión como él- que ha favorecido el restablecimiento de confianza entre el PSOE y los nacionalistas.
EA se alegró, sobre todo, de la salida de Bono por su actitud «absolutamente inflexible» sobre el conflicto vasco, que contrapuso al «equilibrado» Alonso. Begoña Errazti, que evocó el «discurso durísimo» que tributó Rubalcaba al plan Ibarretxe, recalcó que lo relevante es que «estos ministros o cualquier otro» respeten la voluntad de los vascos. EB consideró que es «demasiado pronto» para evaluar los cambios y dijo que esperará a conocer si sus «razones» responden al proceso de paz y normalización que debe afrontar el Gobierno.